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Este Blog fue especialmente creado para poder compartir todo tipo de información, fanfics, fanarts, etc., relacionado con la pareja conformada por Yunho y Jaejoong.
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Nota: El blog contiene material tanto de Yunho, Jaejoong, de DBSK y de los grupos a los cuales cada uno pertenece, así como material R18. Si no están interesados en la pareja (YunJae) o en lo que se muestra aquí, por favor abandonar el blog.



Always Keep The Faith ~ Hope To The End

martes, 17 de diciembre de 2013

Fanfic: Mejor Que Un Sueño [Prólogo + Capítulo 1]


Título: Mejor Que Un Sueño
Autor (a): Raica Sakuragi
Tipo: Adaptación
Genero: Romance, Angst
Parejas: YunJae
Rating: +17
Extensión: Serial, 10 capítulos
Estado: En Progreso
Adaptacion: Faty1895

Nota:
*Se han tenido que realizar algunos cambios a la historia original para poderla adaptar al YunJae.


*~Resumen~*

Jaejoong, quien es propietario de la cafetería Jholic, sigue llorando la pérdida de su amor, Yong Ha, que murió hace un año en un accidente al escalar una montaña.  Es difícil para él dejar en el pasado el persistente recuerdo de Yong Ha.
Cuando un extraño hombre con mochila en mano llega a su pequeño café y pide u puesto de trabajo, Jaejoong le solicita que cocine para él y si la comida le convencía, lo contrataría como chef.  Sin embargo, sólo se le pagará un salario insignificante, que también incluye la habitación y comida. Cuando las chispas comienzan a volar entre ellos, ¿Jaejoong será capaz de dejar el pasado detrás de él, y darle una nueva oportunidad al amor e intentarlo?



[Prólogo + Capítulo 1]

[Prólogo]


El autobús salió de la carretera principal y giró hacia el camino rural de un solo carril. Las barandillas tenían las marcas de innumerables accidentes, y las manchas de óxido estaban moteadas de florecido moho en los lugares donde la pintura se encontraba ausente.



Una comunidad dormitorio apareció, salpicada de edificios antiguos, pero no había carteles. La escena parecía una pintura de un paisaje bucólico: pintorescas casas, colinas, montañas altas en la distancia.



Un cachorro durmiendo en su caseta añadía un toque de realismo, junto con las copas de los árboles que se mecían con la suave brisa. El perro, repentinamente, asomó la cabeza y levantó las orejas. El autobús que recorría esta ruta cada pocas horas iba por ese mismo camino, balanceándose de atrás hacia adelante mientras se aproximaba, pero el perro no se molestó en seguir buscando. El ruido lo había despertado, sin duda, pero sabía que el autobús no se detendría ahí.



Pero hoy era diferente. Si el perro hubiese sido humano, podría haber arqueado una ceja mostrando curiosidad.


El ruido del aire comprimido provocó un vago recuerdo en la mente confusa del perro, remontándolo de vuelta a los viejos tiempos donde su amo se bajaba del autobús y le daba un pequeño regalito de dulce olor.

El perro golpeó la cola en espera anticipada, esperanzado, mirando hacia la puerta de salida. Justo cuando estaba a punto de raspar la puerta para dar la bienvenida, el perro se dio cuenta de que algo estaba mal.


Este hombre no tenía el mismo andar de su amo, ni el mismo agradable olor. El perro se desplomó en el suelo y olfateó descontento, la cola caída. Cuando alzó la vista hacia el hombre que estaba pagando su pasaje, el perro recordó cómo su amo lo hubiera mirado. Este humano no encajaba en absoluto, se dio cuenta de ello sintiendo un poco de miedo.



Por último, el hombre salió, meciéndose en el autobús con cada paso que daba mientras bajaba. Una de sus piernas se movía con normalidad, mientras que la otra cojeaba de manera extraña. El perro giró la cabeza, mirando perplejo.



— ¿Es este el...?, —el hombre empezó a decir, mirando por encima de su hombro.



Pero antes de que pudiera terminar la frase, la puerta del autobús se cerró con un frió golpe. El conductor simplemente no quería molestarse en hablar con una persona que no perteneciera a la ciudad. Había llegado hasta aquí negándose a discutir con los de personalidad citadina del tipo-A, que siempre se quejaban de algo.



—Maldición. Sólo quería preguntarle dónde diablos estoy, —murmuró el hombre, sacudiendo su cabeza. El movimiento capturó la atención del perro, que miró hacia arriba con sus brillantes ojos negros.



— ¿Eh? —el hombre dijo.



El perro meneó su cola, luchando con el impulso de volver nuevamente a su caseta.




El perro respondió con un cortés wuff. Tenía catorce años, y estaba cansado de dormir lejos en soledad durante el día. Todas las tardes, cuando los niños del barrio iban a la escuela, el perro saltaba sobre sus pies, con la esperanza de poder jugar un poco, de manera que pudiera romper el aburrimiento. Ahora el hombre que cojeaba iba hacia él.


Aunque era un animal doméstico criado en una ciudad tranquila, el perro no había perdido del todo su cautela canina. Los olores que agredían a su nariz no pertenecían a su amo, aunque el hombre se movía de forma familiar a la de él. Sin lugar a dudas, este hombre encontraba el caminar algo pesado de hacer.



—Hey, tú, —dijo el hombre, agachándose para tener una visión mejor. El sol entraba a raudales por la espalda del hombre y brillaba en los ojos del perro, haciéndole parpadear.



— ¡Lo siento! Está muy brillante el sol en el día de hoy, ¿eh?



El hombre se levantó de nuevo, bloqueando la luz. Hacía un calor ardiente ese día, pero se sentía muy agradable a la sombra. Cualquier perro instantáneamente quería parecerse a un humano que pudiera compadecerse con su suerte en la vida. Movió su cola aún más rápido.



Durante décadas, Ssanggyesa había disfrutado de su reputación como el lugar perfecto de vacaciones de verano. Pero para un perro viejo como éste, una década era prácticamente toda la vida.



En este valle, los veranos eran ardientemente calientes y los inviernos muy fríos. Cuando llegaba el invierno, las temperaturas caían hasta el punto de congelación. Poca gente se quedaba en un lugar exigente durante esa época, pero los perros no tenían voto acerca del lugar donde sus dueños ponían sus estacas en el suelo.



—He oído que hay un café llamado Jholic por aquí, —dijo el hombre—. ¿Lo conoces? No tengo la dirección, y no he visto ninguna señal. No hay nadie alrededor a quién preguntar. ¿Debo entrar para encontrar a tu dueño y preguntarle la dirección? ¿O le dejaría una impresión equivocada?



El perro ladró en respuesta, feliz de mantener la conversación.



— ¡Buen trabajo! —Dijo el hombre con aprecio—. El ruido puede atraer a alguien que ande por los alrededores. ¿Hay alguien en casa?



El perro ladró con un cierto matiz en esta ocasión, lo que sugería que entendía que el hombre estaba haciendo una pregunta. Con una sonrisa irónica, el hombre dio unas palmaditas en la cabeza del perro. Su mano era más grande que la de su amo y se sentía aún mejor.



Manteniendo la mano en la cabeza del perro, el hombre miró su entorno. Las montañas se levantaban con valentía por encima de los campos, donde el verde follaje se agitaba con la brisa.



—Adorable, —suspiró, mirando el majestuoso cuadro.



El hombre estiró la mano para que el perro pudiera lamerla. Su piel se sentía curtida en la lengua del perro, al igual que la barbilla de su amo al final del día. Con la otra mano, el hombre se rascaba su masa enmarañada de cabello negro azabache, que parecía desentonar con su personalidad. Sus fuertes brazos estaban cubiertos con costras y parches.


El perro no podía dejar de sentirse superior a este extraño animal. El hombre, obviamente, no tenía a nadie que cuidara de él. Al menos el perro tenía un buen cepillado todos los días, e incluso había sido bañado la semana anterior.


El hecho de que el hombre no era una bestia salió derecho sobre la cabeza del perro.



—Bien. Alguien se está acercando, —dijo el hombre, mirando a través de su largo flequillo.



El conejo ha sido finalmente expulsado de los bosques. Hacía siglos que el perro había estado cazando, y se dio la vuelva para mirar.



—Por fin, —dijo el hombre, sonando aliviado.



El perro bajó la nariz y olfateó. El humano que se aproximaba era una abuela que a menudo pasaba por allí. Ella nunca, nunca le había dado al perro un tratamiento de ningún tipo.



—Bueno, entonces, —dijo el hombre, asintiendo con la cabeza al perro. El cachorro instantáneamente hundió sus dientes en el costado de los andrajosos pantalones del hombre.



—Hey, hey, hey, —el hombre se echó a reír, empujando suavemente la nariz del perro. El perro gimió, pero no lo soltó.



—Oh, bueno. De todos modos, parece que ella pasó de largo. No hay daño, no hay castigo. ¿De verdad, tantas ganas tienes de jugar?



El perro movió la cola con energía, rogando que el hombre no lo dejara.



—Lo siento, pero realmente no tengo tiempo hoy. ¿Tal vez la próxima vez?



La próxima vez era un concepto demasiado abstracto para el entendimiento de un perro, por lo que el hombre se echó a reír y se agachó de nuevo. Su agradable voz hizo que el perro se sintiera seguro, y abriera sus mandíbulas.



—Um, perdón.



La anciana les dirigió una mirada de perplejidad. Rara vez se presentaba un extraño en ese sitio. ¿Era este hombre algún hijo pródigo que había regresado a casa? Ella rebuscaba en su cerebro, tratando de recordar quién podría ser.



—¿Podría usted decirme si hay un café llamado Jholic por aquí?— preguntó el hombre, irrumpiendo en sus pensamientos.



—¿Jholic?



—Es de un joven que lo administra.



—¡Oh! Usted debe referirse al nieto de Kim Jong Hoon-ah, —dijo la abuela, asintiendo vigorosamente.



—Sí, sí, así es.



Ella lo miró de arriba hacia abajo. Él le recordaba a un pariente que no había visto en años. Punzadas de dolor sacudían el corazón de la mujer, pero ni el hombre ni el perro pudieron haber sabido que ella se sentía de esa manera.



—Por allá, —dijo en voz baja.



—¿Dónde?


La mujer señaló con su nudoso dedo más allá de la caseta del perro, hacia un edificio con paredes de estuco blanco cubierto de hiedra. Un camino hacia la puerta principal se veía en una pequeña colina.


—Esa es la casa de Kim Jong Hoon-ah. Ellos lo llaman Jholic. Supuestamente un juego de palabras.



—Oye, ¡gracias!, —Dijo el hombre, haciendo una cortés reverencia. Como si compartiera la alegría del hombre, el perro meneó feliz la cola hacia arriba y hacia abajo.



Ahora la opinión de la anciana había pasado de “sospechoso” a “pato extraño”. Dado que el perro no tenía miedo de él, no debía ser peligroso. Su natural desconfianza hacia los extranjeros disminuyó un poco.



—Lo siento, no hay más tiempo para la diversión y los juegos en el día de hoy, —le dijo el hombre al perro—. Pero si encuentro trabajo, voy a regresar.



La anciana se preguntó si el desconocido estaba buscando un trabajo en el café. Ella le dirigió una última mirada al hombre y se fijó en las extrañas huellas que dejaba el forastero al cruzar la desierta carretera. Hizo otra nota mental: “pierna lenta, habla con perros”; y siguió su camino, llevando consigo un chisme bueno para contar en su próxima visita a la sala de espera del hospital.



Pero si el perro pudiera hablar, le habría dicho: usted, anciana miedosa. Yo imaginé todo eso hace mucho tiempo.



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[Capítulo 1]



El mostrador de Jholic contaba con solo cinco taburetes, mientras que había tres puestos ante los grandes ventanales. El café era muy pequeño, si uno daba dos o tres pasos en cualquier dirección, se estrellaría de inmediato contra uno de los muros.



El edificio no se encontraba rodeado de edificios, sino que estaba ubicado en un barrio residencial a las afueras del pueblo. El propietario era el chef, y en lo que a él concernía, había espacio más que suficiente en el lugar.



A la luz del día, visto en retrospectiva, el contraste de la construcción entre la casa original y el café era evidente. Pero una vez que el sol se ponía, no se podía distinguir la diferencia.

Se acercaba la hora de cierre. Jaejoong miraba a sus dos últimos clientes y suspiraba. ¿Debería decirles que ya era hora de que se fueran? Tomó una bandeja y se levantó de su silla en la cocina.


—¡Hey, Jaejoong-ssi! ¿Me pondrías otro parfait en mi cuenta? —Rogó una chica de secundaria con el rostro cubierto de maquillaje.



—Sigue comiendo a este ritmo y vas a explotar como un globo, espera a la cena y come algo sano en su lugar.



—Pero es taaaan bueeeeno.


—Sí que es taaan bueeeeno, ¿eh? —Jaejoong bromeaba, tocando con un dedo la frente de la muchacha. Las chicas no mostraron señales de irse, pero siguió sonriendo.


—Vamos, siéntate —dijo la otra chica.



—Es hora de pagar su factura, —respondió con firmeza Jaejoong.



—Oh, no digas eso.



Sólo tenía dieciséis años, pero agitó sus pestañas como le gustaba hacer a las mujeres mayores. Jaejoong ahogó otro suspiro y se sentó ante su mesa. Habían estado sentadas allí durante un período mínimo de dos horas.



—Tu cabello está realmente largo, Jaejoong-ssi. Va camino de estar más largo que el mío, —dijo la primera chica.



—Es molesto cortarlo. Es más fácil dejar que crezca, —murmuró Jaejoong.



—Yo podría trenzarlo, —ofreció ella.



—Es suficiente.



Ella extendió la mano y trató de agarrar su cola de caballo, pero él se alejó y negó con la cabeza.



—Ahora piérdete, —le reprendió—, esto no es un club de anfitriones, ya lo sabes.



—¡Oh, grosero! ¡Como si no lo supiera! Pero tu cabello es tan....



De repente ella se quedó en silencio, pero su rostro decía mucho mientras miraba dentro de los ojos de Jaejoong. ¿Irías alguna vez a cortarte el cabello?



—¿Qué? —Murmuró Jaejoong.



—N-nada, —balbuceó ella, volviendo su atención a la chica sentada a su lado.



—¡Mi piel ha estado horrible últimamente! —Ella gruñía, rociando saliva—. Cada día tengo un grano nuevo.



—¡Yo también! ¿Conoces algo para combatirlos? Dicen que no apoyes tu cara en la almohada, pero ¿cómo se supone que debes dormir entonces? “Si te la pasas comiendo helados, la grasa obviamente tiene que salir por alguna parte”, quería decir Jaejoong, pero se tragó sus palabras.



—Son casi las diez. Ya ha pasado demasiado tiempo para que estén lejos de sus casas.



—No, está bien.



—No, no está bien. Se pone muy oscuro por aquí sin luces de la calle. ¿Quién sabe lo que podría haber ahí fuera?



—¿Quieres venir con nosotras entonces? —preguntó la primera chica.



—Estoy ocupado, —mintió Jaejoong.



Las chicas gritaron cuando se rieron.



—Pero tú no tienes ningún otro cliente.



Ellas tenían toda la razón, pero Jaejoong frunció el ceño y las miró. Incluso después de que ellas se fueran y cerrara las puertas, nunca lo entenderían.



Él ya había quitado el letrero de “Abierto” y retirado de la acera el cartel del menú. Ninguno de sus habituales clientes de los alrededor pasaba por el bar más allá de la hora de la cena.



Estas chicas de la escuela secundaria agotaban su paciencia, pero él conocía a sus madres y abuelas, y nunca se quejaría realmente con ellas.



—Hey, vi tu cartel en el exterior de “Se busca ayuda”, —dijo de pronto una de las chicas—. ¿Podría hacerlo yo? Mi mamá, probablemente estaría de acuerdo.



—Necesito a alguien para trabajar de día. El año escolar acaba de empezar, ¿verdad?



—¿Y si trabajo después de la escuela? Necesito un trabajo a tiempo parcial.



—Trata en la tienda de conveniencia. Tienen un cartel de búsqueda de personal, también.



—¡Meanie! —la otra muchacha golpeó.



Jaejoong entrecerró los ojos mirándola. No hacía mucho tiempo que había estado en el mismo barco, queriendo ganar dinero para complementar su mesada para comprar ropa. Pero estas chicas necesitan mucho más, pagar sus cuentas de teléfono celular, cosméticos y un millón de otras cosas.



La primera chica le dio una moneda de 500 para pagar por el parfait que costaba 480 yenes.



—Quédate con el cambio, —dijo animadamente.



—No, gracias, —dijo con el ceño fruncido. Eran sólo 20 yenes, pero no le pertenecían. Él estaba tratando de decirle que no malgastara el dinero de sus padres, pero ella no entendió el mensaje.



—Eres tan lindo cuando estás enojado, —se rió—. Hasta mañana.



Pretendiendo que se iba bajo una gran presión, miró por encima del hombro en una imagen bastante deprimente de coquetería.



Ella no movió la sangre de Jaejoong en lo más mínimo, ni siquiera los brazos curtidos o los muslos maduros que asomaban de su traje corto de marinero. Su cara angelical anulaba el encanto de su cuerpo maduro. Debajo de su espeso maquillaje pudiera ser que hubiera algo lindo, pero todo esto sólo le servía para recordarle la inmadurez de la chica.



—¿Así que finalmente se fueron? Qué amable de tu parte el cuidar niños, —dijo el hombre sentado en el mostrador, que miraba exasperado mientras fumaba su cigarrillo. La campana que colgaba en la puerta giró hacia atrás y adelante, un recuerdo persistente de los últimos clientes del día.



—Hey, Kim, ¿ella te ha llamado Jaejoong-ssi?



—Bueno, conozco a su familia desde que su abuela estaba viva. Cuando los niños nacieron, mi abuela los frecuentaba para ayudarlos.



El hombre que estaba en el mostrador frunció el ceño. Por alguna razón, las chicas nunca le dirigían una mirada al pasar, no importa cuántas veces se cruzasen sus caminos.



Por no hablar de su afirmación de que no había otros clientes allí. ¿Cómo podrían perderse a ese gran hombre sentado en el mostrador? Pero ellas apenas se habían reído. Para ellas, no era un cliente real.



—Ellas aún tienen dientes de leche. No deberían de estar tras los dulces todo el tiempo.


Al principio, Hyun Joong sólo iba una vez al mes. Luego, una vez cada dos semanas. Después, cada fin de semana. Ahora los únicos días en que Jaejoong no lo veía era cuando estaba de viaje por trabajo.


—Se los comen en lugar de la cena, —Jaejoong se encogió de hombros.



—¿Ellas llaman a eso cena? “Si estás tan preocupado por su bienestar, ¿por qué no haces un movimiento y ves qué pasa?”, Jaejoong pensó, dirigiendo a su amigo una mirada burlona.

De repente, sus ojos se encontraron. El corazón de Jaejoong golpeó de manera alarmante, y rápidamente desvió la mirada.


—Sí, es doloroso viviendo en el mismo barrio que ellas. Las niñas de la escuela secundaria no andan en pantalones vaqueros y camiseta. Hombre, esos eran días…



—Tal vez sea esa mirada de miedo en tus ojos, Hyun Joong, —dijo Jaejoong. Pero otra voz dentro de él estuvo en desacuerdo.



Hyun Joong violentamente apagó su cigarrillo, traicionándolo su irritación, pero se las arregló para sonreír.



Él no había cambiado nada desde que habían ido a la escuela juntos. Sólo que ahora trabajaba en una empresa de construcción local, y había cambiado su uniforme por un par de mamelucos. Con su cabello bien recortado, la piel bronceada, y una apariencia malditamente bien tormentosa, Hyun Joong era un tipo agradable, aunque a veces tenía una lengua afilada.



De regreso a la escuela, los estudiantes y profesores, todos, le llamaban Hyun Joong, al igual que Jaejoong. Hyun Joong había caído en el hábito de llamar a Jaejoong por su apellido, Kim.



Incluso ahora, muchos años después, Jaejoong sólo podía referirse a Hyun Joong como un amigo. Pero cuando sus ojos se encontraban, Jaejoong tenía que apartar la mirada. La mirada de Hyun Joong se había vuelto una espada afilada que cortaba para abrir viejas heridas.



—Tal vez debería dejar crecer mi cabello, también. Podría mejorar mi suerte con las damas.



—No digas cosas como esas. No me gusta.



Jaejoong no había cortado su cabello durante casi un año, por lo que casi le llegaba a los hombros. Por razones de simplicidad, lo recogía en una cola de caballo.



Pero él no estaba dejando crecer su cabello para ser popular entre las damas, como Hyun Joong ç sugirió. De hecho, él realmente no sabía por qué se había resistido a cortárselo. Por suerte para Jaejoong, su amigo nunca le comentó que se veía casi afeminado.



—Tal vez sólo lo deje crecer un poco en la parte superior, —dijo Hyun Joong de brazos cruzados—. Estoy muy lejos de convertirme en una persona hermosa.



Jaejoong sabía que su amigo no estaba siendo sarcástico, pero Hyun Joong sonrió tímidamente.  Érase una vez, él había sido una de las “personas hermosas”, o eso era lo que las chicas decían. Pero en realidad nunca fue elogiado por su apariencia. En cambio, ellas lo decían en tono despectivo, en venganza por todas las veces que él les restó importancia.



Jaejoong era de altura media, pero había heredado de su madre una estructura ósea delicada y una piel blanca. Incluso ahora, a la edad de veinticinco años, no exhalaba precisamente olor a masculinidad.



De vuelta a la realidad, Hyun Joong siempre le recordaba que la belleza era “superficial” y se quejaba de que Jaejoong era demasiado tímido. Jaejoong miraba la cara familiar a través del mostrador. “En cierto modo, somos los mismos ahora que éramos entonces”, pensó.



Jaejoong recordó sus días de escuela, cuando pensaba que Hyun Joong era muy arrogante. La forma en que inclinaba la cabeza mientras tomaba una caja de zumo, el sudor que goteaba de su cara. Hyun Joong estaba en el equipo de fútbol y corría todos los días alrededor del campo. Hyun Joonh, no sólo tenía a la manager del equipo femenino suspirando por él, sino que también tenía siempre una chica a su entera disposición.



Una vez, Jaejoong se había obsesionado secretamente por la piel de bronce de Hyun Joong y su cuerpo tonificado. Pero en los siete años que habían pasado desde su graduación, su amistad se había convertido en algo cómodo.



—Has permanecido abierto más tarde que de costumbre, ¿no? —comentó Hyun Joong—. ¿Por qué no cerrar un poco antes?



—Lo que sea. No es como que tuviera algo mejor que hacer.



—Hey, hey, no hay necesidad de ser un mártir por ello.



Jaejoong había heredado Jholic de sus abuelos.



El café hacía la mayor parte de su negocio en el almuerzo y la cena. Dado que limpiaban las aceras bastante temprano en el país, los clientes eran pocos y distantes entre sí después de las ocho.



Después de que Jaejoong se hizo cargo del lugar hace cuatro años, los estudiantes de secundaria comenzaron a bajar por el camino a casa desde la escuela. Antes de eso, sus abuelos cerraban antes para que otros dueños de los negocios del barrio se pudieran reunir allí para realizar sesiones nocturnas de juego.



No era probable que viniera alguien a tocar a la puerta para ser atendido una vez que colgaban el cartel de “cerrado”, además la cocina ya estaba limpia. Sintiéndose de mal humor y aburrido, Hyun Joong jugaba con su paquete de cigarrillos y miró a la cara de Jaejoong. “Él ya no está aquí. No hay nada más que puedas hacer”, quería decirle a Jaejoong.



Pero en lugar de eso, dijo, —¿Tienes suficiente para comer? Podría preparar un aperitivo. Te ves como si se te hubieran subido algunos tragos a la cabeza.



—Está bien, ya estoy lleno. ¿Te importa si tomo un baño?



—No hay problema.



Bostezando, Hyun Joong caminó a través de la cocina entrando a la casa. En contraste con la forma en que hurgaba los pulgares en su cinturón como un anciano, el trabajo de sus ágiles pies parecía que estaban en pleno funcionamiento en un campo de fútbol.



Jaejoong miró a Hyun Joong salir de la tienda. Tarareando cerró la puerta de entrada, acomodó platos y colocó cubiertos sobre las mesas. Después de recargar la coctelera de condimentos, barrió rápidamente el suelo y acomodó las sillas situándolas alrededor de las mesas.



Por último, comprobó el refrigerador para hacer una lista de las cosas que necesitaba para la mañana siguiente. Sintiéndose satisfecho de que finalmente todo estuviera hecho, miró el reloj. Las diez y media.



Jaejoong se asomó por la oscura ventana. Durante el día se podían ver los picos del Monte Jirisan, pero en este momento de la noche sólo había oscuridad. Jaejoong sólo podía imaginar la montaña en su mente.



Pero tal escenario, la obra sublime de la Madre Naturaleza, no lo emocionaba tanto. Esta habitación con tan magnífica vista, tenía un precio muy alto anexado, y Jaejoong había llegado a odiarla.



—Me siento fantástico, — murmuró, caminando por la cocina y entrando a la casa.



A su derecha había un salón de estilo occidental. En los viejos tiempos, sus abuelos bebían té después de haber cerrado el café. En aquel entonces, Jaejoong sólo trabajaba para ellos a tiempo parcial, por lo que raramente le pedían que se les uniera.



Ahora Hyun Joong se había dejado caer como si fuera el dueño de la casa, tirando en el suelo su ropa interior. Sus mejillas estaban de color rosa por su baño.



—Ponte algo o vas a agarrar frío, —advirtió Hyun Joong.



—Estoy bien. Es la única manera de lidiar con el calor.



Con una toalla alrededor del cuello y abanicándose el rostro con las manos, Hyun Joong parecía que estaba en la escuela secundaria. Él se daba una ducha después de la práctica de fútbol, y luego paseaba por los pasillos, desnudo de cintura para arriba. Podían perseguir a los maestros en medio del vapor, jugando alegremente. Jaejoong había sido testigo de sus travesuras en varias ocasiones.



—¿Kim?



—¿Eh? —dijo Jaejoong.



Miró a Hyun Joong, quien sostenía una lata de cerveza.



—¿Quieres una?



—No, está bien. Voy a tomar un baño.



Incluso desde que llegó a vivir aquí después de que sus abuelos se alejaran, Jaejoong aún buscaba el fantasma persistente de un hombre que había tirado una vez en el suelo al igual que Hyun Joong.



Había dos latas de cerveza en la mesa de café. Una ya estaba vacía, así que Jaejoong ya debía de estar en su segunda lata.



Jaejoong no dormía bien con el alcohol en su sistema. Él solía beber en lugar de utilizar pastillas para dormir, pero ya no. Nunca sintió que tenía que beber para acompañar a Hyun Joong. No era ese el tipo de relación que tenían.



Se quitó el delantal engrasado y deshizo su cola de caballo, pasando los dedos por el fragante cabello. Después de estar manipulando alimentos durante todo el día, una gran variedad de aromas estaban impregnados en él, y Jaejoong no podía descansar hasta que los hubiera borrado de su cuerpo por completo.


Pero lavar el cabello cada noche era un dolor. Tener el cabello más corto sería mucho más fácil, pero Jaejoong todavía no tenía ninguna necesidad de cortarlo.

—Voy a estar en Daesong-ni a partir de mañana. —Hyun Joong le dijo—.Cada vez tenemos que hacer más horas extraordinarias. Puede ser que no pueda volver los fines de semana.


—¿Por cuánto tiempo?



—Probablemente un mes. Oh, mira, lo hiciste otra vez.



—¿Otra vez? —Preguntó Jaejoong, mirando perplejo.



Hyun Joong, cansado, se puso de pie y agarró la muñeca de Jaejoong, haciéndole perder el equilibrio. —Oye, qué dem…



—Muéstrame tu mano, —dijo Hyun Joong, arrastrándolo a la mesa de café.



Jaejoong se sentó vacilante mientras Hyun Joong tendió la mano agrietada. Justo cuando Jaejoong estaba a punto de decirle que se detuviera, Hyun Joong  tocó suavemente sus mejillas, trazando el contorno de su rostro. Los límites tácitos entre ellos comenzaron a disolverse.



Hyun Joong estaba esperando más al final de la jornada de trabajo. De alguna manera Jaejoong lo sabía, sin embargo, estaba preocupado de que pudiera ser sólo una ilusión por su parte. El terreno psicológico aquí era peligroso, y ningún bien vendría si perdía el equilibrio, aunque obtener caricias emocionales sería un buen cambio.



Y sin embargo, cuando se trataba de cruzar esa línea ondulante, Jaejoong aún dudaba.



—Debes hacer algo al respecto, —dijo Hyun Joong fastidiado.



—Ah....



—Debes cuidar más de ti, —dijo en un tono imperativo.



—Ah….



—Siempre estás haciendo esto, —murmuró Hyun Joong, como un odioso hermano político. Se acercó a una cabina baja y encontró un tubo de crema de manos, extrajo algunos chorros de crema, y luego la frotó en la mano de Jaejoong.



—Deberías hacer esto después de lavar los platos, —dijo—. Entonces no tendrías todas estas grietas.



—Oye, ¿qué estás haciendo? Se siente raro, —se rió Jaejoong, se retorcía un poco, pero no se resistió. El firme toque de Hyun Joong hacía sentir a Jaejoong inseguro, por lo que trató de fingir que no eran más que tonterías.



Los dedos de Hyun Joong no eran muy hábiles, pero frotaron tenazmente las cutículas de Jaejoong… Jaejoong comenzó a notarse un poco sonrojado.



—Te lo dije, se siente raro. Basta ya. Voy a tomar un baño, —dijo Jaejoong. De pronto miró anhelante.



— ¿Qué? Basta con esto



—Ya te dije.



—Debes cuidarte más…


Sus palabras se mezclaron mientras Jaejoong retiraba suavemente su mano. Sabía cómo podían cambiar las cosas rápidamente cuando un ser humano toca a otro.

—Voy a tomar un baño. Si quieres puedes ir a descansar.

—No, voy a esperar a que termines. Así podremos tomar una copa juntos.

—Si estás todavía despierto…

Solían beber juntos cuando Hyun Joong salía del trabajo. Si no estaba en condiciones de conducir, Hyun Joong se quedaría toda la noche. Hace varios meses, comenzó a beber en el local de Jaejoong regularmente. Desde entonces Jaejoong se aseguraba de mantener su refrigerador lleno de cervezas.

Había espacio de sobra, después de todo. Y puesto que vivía solo, no había miembros de la familia para quejarse cuando un amigo se quedaba allí. Y Hyun Joong era sólo un amigo, por supuesto.

Desde el punto de vista puramente lógico, la verdad es que no era gran cosa que Hyun Joong a menudo pasara la noche allí, y la hipotética verdad torcía las cuerdas alrededor del corazón de Jejoong. El término “Amigo” le ayudaba a dar sentido a todo.

"Esta es la primera vez que he visto que se emociona de esta manera”.

Sólo una vez su relación fraternal vaciló.

“No llores ahora”. Consoladoras palabras repetidas una y otra vez, expresadas con los brazos envueltos alrededor de los hombros, gimiendo y llorando juntos, los labios cálidos borrando las lágrimas que desbordaban...

“¿Qué dices, Jaejoong? Sólo una vez, eso te ayudará a conciliar el sueño”.

Jaejoong se lo quedó mirando sin hablar. Su amigo enrojeció y sonrió y dijo que todo era una broma. Tenía el rostro sonriente tragándose las palabras que había que decir, las cosas podrían ser totalmente diferentes ahora. Jaejoong asintió y dijo que sí, algo que tal vez pudiera haber sustituido lo que había perdido.

Desde el fondo de su corazón, Jaejoong esperaba un fuerte abrazo, un feroz afecto físico que lo dejara agotado y muerto para el mundo. Pero una vez que cedió a ello, el alma mimada se debilitó, por lo que no podía entregarse a la promesa de dejarse caer en otros brazos otra vez.

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Cinco años antes, Jaejoong había conocido a un hombre llamado Yong Ha. Dos años después, empezaron a dormir juntos. Los siguientes dos años se habían sentido como una luna de miel, pero Yong Ha había muerto hacía un año.

“Ya sabes, chico, que andes por los alrededores se siente como estar con mi mamá. O mi abuela”.
La primera vez que Yong Ha entró a Jholic, Jaejoong acababa de cumplir veinte años. Yong Ha había estado comiendo en las tiendas de conveniencia, hasta que finalmente su jefe lo llevó a este lugar.

Gracias a la abuela de Jaejoong, la cocina coreana nativa era su especialidad, y a pesar de la mala ubicación, muchos hombres en viaje de negocios hacían del café su segundo hogar.

Jaejoong ya se había graduado de la escuela secundaria, pero no había logrado encontrar un buen trabajo. Trabajaba como empleado temporal, viviendo de las recomendaciones
de sus trabajos, cuando comenzó a ayudar a sus abuelos. Jholic tenía el ambiente relajado de una empresa familiar, y al principio Jaejoong comenzó a trabajar allí sólo para divertirse. Dos años más tarde, por fin permitieron que cocinara en el café.

—He dejado a mis hermanos en mi casa, pero nunca veo a mis abuelos, —le había dicho Yong Ha.

—Entonces, ¿por qué Jholic te recuerda a tu abuela?

—Porque así es como me imagino que sería, —dijo Yong Ha feliz. Su sonrisa parecía tan despreocupada, era difícil creer que era nueve años mayor. Yong Ha tenía cara de bebé y de manera amable estaba en marcado contraste con su cuerpo grande.

—Ya sabes, chico, mi hermano menor tiene más o menos tu edad.

Incluso desde su primer encuentro, Yong Ha siempre lo había llamado “chico”. Y cuando no estaban juntos durante un tiempo, venía directo a decirle a Jaejoong que lo echaba de menos, sin timidez alguna. Al principio Jaejoong no sabía qué hacer con un hombre que era tan honesto acerca de sus sentimientos, pero pronto fue arrastrado fuera de sus pies por una oleada de emoción.

—Me deshice de mi tonto trabajo y fui expulsado de casa. Mis padres están muy enojados, —confesó Yong Ha.

Durante sus años de universidad, él había estado obsesionado con escalar montañas.

—Pero tan pronto como empecé a estudiar mi antigua carrera, las vacaciones eran imposibles. Finalmente terminé en busca de un cambio de carrera, —se rió Yong Ha, rascándose la cabeza.

Los escasos ingresos de su trabajo en una tienda de equipo de escalada era más un pasatiempo que otra cosa. Pero Yong Ha tenía un fuerte deseo de hacer cualquier cosa relacionada con el deporte. Y cuando lo hizo, sus ojos brillaban como los de un niño.

—Me encanta la montaña tanto que perdí la paciencia con la vida “normal”. Y así es como resultó. El gerente de mi tienda está hecho del mismo material. Es un acierto, incluso trabajando por maníes.

Según Yong Ha, haber reducido sus ingresos a la mitad, no era gran cosa. Él no estaba hecho para ser un hombre asalariado, y Jaejoong ni siquiera podía imaginarlo en traje. El uniforme que Yong Ha vestía eran vaqueros andrajosos y un polo descolorido, coronado por una camisa con el logotipo de la tienda serigrafiado en colores de neón. Lo llevaban sin quejarse, incluso en un clima sofocante.

Para un simple niño como Jaejoong, Yong Ha parecía en un primer momento como un hermano mayor. Pero pronto sus compañeros de clase de la edad de secundaria comenzaron a parecer aburridos en comparación.

— ¡Qué desperdicio! —Yong Ha exclamó, cuando los abuelos de Jaejoong decidieron cerrar el café—. ¿Por qué no simplemente pasarlo a Jaejoong?

—Pero yo no soy ni la mitad de bueno cocinando de lo que era mi abuela, —había protestado Jaejoong.

—Puedes ser bueno. ¡Toma un curso acelerado y obtendrás las habilidades!

Jaejoong no tenía ganas de buscar otro trabajo, así que con Yong Ha estimulándolo, él tomó las riendas y se subió a la silla. Fue idea de Yong Ha mantener la comida tradicional coreana de su abuela en el menú, y más tarde pasar a platos más ligeros como la pasta.

— ¡Vamos, Yong Ha-ssi! Solo te preocupas por no quedarte sin un lugar donde comer.

—No, no, no. ¡Eso no es cierto en absoluto! —insistió Yong Ha.

Para ser alguien que tenía un mal carácter, Yong Ha definitivamente tenía un paladar refinado.  Cada noche después del cierre, se sentaba en un taburete y bebía unos tragos junto a Jaejoong.
Volver a su apartamento barato se convirtió en una molestia, por lo que Yong Ha terminó pasando la mitad de la semana en Jholic.

— ¿Por qué no duermes en casa de tu novia? —Jaejoong preguntó un día, una pregunta inocente que cambió por completo su relación.

Sin pestañear, Yong Ha hizo evidente su orientación sexual. También dejó claro que cualquier sentimiento expresado en esa dirección no lo llevaría muy lejos. Desde que Yong Ha había sido tan honesto, Jaejoong se sintió algo raro.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó.

—La verdad sea dicha, tener sentimientos por un hombre de la edad de mi hermano pequeño es un poco, digamos, complicado.

— ¿Qué clase de sentimientos?

Yong Ha dijo que lo amaba, pero Jaejoong no podía comprender el impacto de esas palabras; no, teniendo falta de experiencia con el romance. Mientras tanto, empezaron a dormir juntos de manera regular, envueltos uno en los brazos del otro. Gimiendo, a merced de sus placeres, Yong Ha dejó caer su forma arrogante de costumbre. Esto convenció a Jaejoong de que Yong Ha sentía verdadero amor y afecto por él.

Pero ahora nadie se sentaba en el mostrador mirando ese paisaje a través de la ventana. El año había transcurrido en un instante. En un día claro, Jaejoong podía ver las cimas de las montañas cubiertas de nieve. En algún lugar dentro de ese majestuoso cuadro, una avalancha había llevado a Yong Ha lejos de él.

Cuando llegaron los informes del accidente por primera vez, Jaejoong se quedó sin habla. Tenía que ser una mentira. ¿Cómo podría Yong Ha estar muerto?

El pasado enero, marcó ese fatal aniversario en su nuevo calendario. “Como si yo pudiera olvidar alguna vez el día de su muerte”, pensó con amargura para sí mismo.

Cuando el día se acercaba, Jaejoong empezó a verse afectado por el insomnio. Hasta el año pasado había vivido en una neblina frenética. Ahora que no tenía tiempo de mirar hacia atrás, el pasado pesaba sobre él.

A la hora de cierre en el último día de Abril, arrancó la página de su calendario, arrojándola lejos, descubriendo ese día que no quería pensar en ello. Pasó los dedos sobre la marca que había hecho. Ese día se estaba acercando. En ese momento Hyun Joong apareció en su camino a casa desde el trabajo.

— ¿Puedes preparar un poco de algo para mí?

—Hyun Joong...
A pesar de que estaba jugando el papel de cliente, Hyun Joong parecía más deprimido de lo que Yong Ha lo había visto antes. Incluso su voz sonó plana.

—Me sentaré aquí, —murmuró Hyun Joong. Tomó el taburete que Jaejoong había guardado en la parte posterior para evitar que la gente se sentara sobre él.

—No estás haciendo nada bueno ahí en la cocina, —dijo Jaejoong, despreocupado de la sombra del hombre que lo perseguía.

Se dirigió al lugar favorito de Yong Ha, al final de la barra, luego se sentó.

—Ahí es donde...

—Lo sé, pero quiero sentarme aquí.

El espacio que había estado vacío durante tanto tiempo estaba lleno ahora por su antiguo compañero. Jaejoong sintió las lágrimas en sus ojos.

—Esta es la primera vez que te he visto emocionarte de esta forma.

Hyun Joong corrió detrás del mostrador y atrajo a Jaejoong hacia él. Antes de que Jaejoong pudiera rechazarlo, la calidez del contacto humano comenzó a derretir su helado corazón.

— ¿Por qué...?

Hyun Joong y Yong Ha sin lugar a duda habían permanecido a su lado, pero Hyun Joong nunca había hablado de ello.

Así que ¿por qué ahora? Se preguntaba Jaejoong, mirando a su amigo.
—Debido a que nos conocemos desde hace mucho tiempo, —dijo Hyun Joong—. Al principio de mes cuando empecé a pasar por aquí, aún tenías una sonrisa en tu cara. La semana pasada tu estado de ánimo sin duda decayó. Ahora estás llegando al fondo.

Trazó los círculos oscuros bajo los ojos de Jaejoong con los dedos.

—No has estado durmiendo, —dijo—. Voy a dejarme caer por aquí todos los días a partir de ahora.

Eran viejos compañeros de clase que discutían y peleaban todo el tiempo, y luego, de repente, Hyun Joong cambió. Él golpeó a Jaejoong firmemente sobre sus hombros.

— ¡Kim! — Ladró.

—Oye, eso duele, —Jaejoong se rió entre dientes, sonriendo a pesar de todo.

—Lo siento, —se disculpó Hyun Joong, envolviendo sus brazos alrededor de él. Era la única manera que conocía para consolar a alguien. Como un niño, abrazó a jaejoong más y más fuerte.

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— ¿Hyun Joong? —Jaejoong gritó, saliendo de la bañera. Él se puso el pijama sobre su cuerpo todavía caliente.

Hyun Joong había prometido esperarlo, pero estaba roncando en el suelo.

— ¡Oh, santo cielo! —dijo Jaejoong, girando sus ojos.

Desde que comenzó a trabajar cuando apenas estaba amaneciendo, Hyun Joong generalmente se dormía temprano como ahora en el suelo. No importa cuántas veces Jaejoong le dijera que se durmiera en una cama, sus quejas le entraban por un oído y salían por el otro.

—Sigo diciendo que vas a tomar frío. ¿Cuándo me escucharás? —Jaejoong murmuró, dándole una suave patada.

—Umm, —murmuró Hyun Joong soñoliento.

—Hyun Joong —repitió Jaejoong, en cuclillas junto a él—, Hyun Joong...

No hubo reacción. Jaejoong tocó la boca de Hyun Joong. Parecía que fue ayer cuando los labios de Hyun Joong habían tocado accidentalmente su mejilla. Ese momento había sido enterrado en el pensamiento de Jejoong, pero no podía recordar la memoria sin recordar el dolor.

—Hyun Joong...

Carne tocando carne, no era gran cosa, excepto cuando la otra persona era tu amigo. Pero Jaejoong no estaba siendo honesto, ni con Hyun Joong ni consigo mismo. Escondiéndose detrás de un manto de razón, él nunca dio la bienvenida a Hyun Joong completamente, ni lo empujó a él a que lo hiciera. Si trepar por esa barrera era muy doloroso, él debería, en primer lugar, terminar de cerrar la puerta.

Jaejoong miró a Hyun Joong dormir y suspiró. Su relación continuaba de esta manera porque no quería perder a alguien con el que se sentía en casa, un amigo con el que podía hablar de cualquier cosa.

¿Qué si ellos regresaran a la época de la secundaria? ¿Qué hubiera pasado si su relación se hubiera vuelto por este camino antes de conocer a Yong Ha? ¿Qué si Hyun Joong no hubiera sido el amigo que había conocido siempre?

Sin embargo, después de meses de tratar de ignorar el deseo, interrumpido por gestos inesperados, creció, cansado después de un tiempo. Como Hyun Joong se convirtió en una gran parte de su vida, el cuerpo afiebrado de Jaejoong a menudo le susurraba palabras de amor a sus sentidos. Si él realmente escuchara a su cuerpo... Problema resuelto. En cualquier caso, estar tan cerca de Hyun Joong y seguir conteniéndose era una dulce tortura.

—Hyun Joong.

—Hmmm.

—Despierta y ve a la cama. Voy a conseguir un futón, —dijo Jaejooong, yendo al armario. Extendió el futón en el suelo, sin molestarse en suavizar las arrugas. Hyun Joong era sólo un amigo, después de todo...

—Ahí vamos, —dijo suavemente.

Hyun Joong entreabrió los ojos y se metió bajo las sábanas. Agarrando las mantas a su alrededor, su respiración pronto se relajó.

—No duermas con el estómago lleno, —resopló Jaejoong—. Buenas noches.

Hyun Joong ya estaba dormido, pero esto no molestó a Jaejoong. Este baile, sin duda, continuaría por algún tiempo.

La pasión de Hyun Joong simplemente no era lo suficientemente fuerte como para superar los tabúes. Y Jaejoong no era lo suficientemente valiente como para superar las circunstancias que habían definido su pérdida en la vida. Cuando el amor fraternal y el amor erótico se colocan en las escalas de la vida, estaba claro qué lado iba a ganar.

Pero si sus cálidos tiempos juntos continuaban de esta manera, entonces podría pasar algo más.
Jaejoong tomó la crema de manos y la puso de nuevo en la cabina. El año pasado en esta época, una colección de fotografías adornaban los estantes. Pero desde que Hyun Joong había empezado a pasar más noches aquí, las imágenes le recordaban demasiado a Jaejoong sobre las fotos que se habían tomado en el funeral de Yong Ha.

Como para exorcizar el fantasma de Yong Ha, Hyun Joong había eliminado de la casa todo rastro de él. Los recordatorios constantes eran simplemente demasiado dolorosos.

Él se odiaba cada vez que sentía los ojos de Hyun Joong fijos en él. Incluso pensó tratar de sacarlo de su mente. Jaejoong sabía que su relación había ido cambiando poco a poco a otra cosa. Se sentía culpable de que con tanta calma desechara el pasado como una ráfaga de viento que sopla la arena en una playa.

—Buenas noches, —gritó una vez más, cerrando la puerta detrás de él.

Él se dirigió a su dormitorio. Cuando se despertara a la mañana siguiente, Hyun Joong volvería a demandar el desayuno, y Jaejoong volvería a sorprenderse por su apetito voraz. La suave curva de sus emociones, lo sacudían un poco, siempre devolviéndolo a la misma indiferente posición.
Cada día no era distinto del anterior. Todos los días eran, simplemente más de lo mismo.


Capítulo 2

1 comentario:

  1. Es triste perder a un ser querido, pero pronto aparecerá Yunho, a ver que pasa. Esta interesante. Gracias.

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