Título: Mejor Que Un Sueño
Autor (a): Raica Sakuragi
Tipo: Adaptación
Genero: Romance, Angst
Parejas: YunJae
Rating: +17
Extensión: Serial, 10 capítulos
Estado: En Progreso
Adaptacion: Faty1895
Nota:
*Se han tenido que realizar algunos cambios a la historia original para poderla adaptar al YunJae.
*~Resumen~*
Jaejoong, quien es propietario de la cafetería Jholic, sigue llorando la pérdida de su amor, Yong Ha, que murió hace un año en un accidente al escalar una montaña. Es difícil para él dejar en el pasado el persistente recuerdo de Yong Ha.
Cuando un extraño hombre con mochila en mano llega a su pequeño café y pide u puesto de trabajo, Jaejoong le solicita que cocine para él y si la comida le convencía, lo contrataría como chef. Sin embargo, sólo se le pagará un salario insignificante, que también incluye la habitación y comida. Cuando las chispas comienzan a volar entre ellos, ¿Jaejoong será capaz de dejar el pasado detrás de él, y darle una nueva oportunidad al amor e intentarlo?
[Capítulo 2]
Jholic estaba apartado de la calle principal y no tenía mucha publicidad.
Sería difícil encontrar un sitio peor para un restaurante.
La cafetería era en sus orígenes la casa de los abuelos de Jaejoong y
estaba lejos de la zona de shopping. Pocas veces se veían caras nuevas entre
los clientes regulares así que Jaejoong se sorprendió al ver a un cliente
cuando extrañamente abrió la puerta entre la hora del desayuno y la comida.
—Bienvenido a Jholic —anunció Jaejoong en voz alta.
El saludo tradicional se había convertido en una respuesta pavloviana atada
a la campanilla que había encima de la puerta. Jaejoong echó una mirada al
cliente. No había entrado sólo a preguntar indicaciones. El hombre miró el
reloj que había en la pared y entonces se sentó en un reservado. Jaejoong le
llevó un vaso de agua.
—Bienvenido a Jholic, —dijo otra vez, acercándose a la mesa. “¿Comerá
solo?” era normalmente la siguiente pregunta pero dudó. Probablemente alguien
del vecindario le había recomendado este lugar y vendría pronto. De repente una
mochila de color amarillo chillón que estaba a los pies del hombre llamó su
atención. Era de una marca específica para montañeros. Jaejoong no se había
dado cuenta cuando el hombre había entrado. Yong Ha tenía una como esa.
—A -aquí tiene —dijo Jaejoong dejando el vaso en la mesa con manos
temblorosas.
—Puedes ver este amarillo fosforito incluso en medio de un bosque, —le
había dicho una vez Yong Ha—. Tírala en un pantano y verás.
Recordar la charla con Yong Ha le puso a Jaejoong los pelos de punta.
Enganchada a su espalda, la mochila amarilla hacía resaltar la bronceada
piel de Yong Ha. Como era una mochila pequeña para excusiones de un día no se
había roto en la avalancha. En la memoria de Jaejoong parecía la misma que
estaba a los pies del hombre, pero la de Yong Ha les había sido devuelta a sus
padres como recuerdo.
—¿Tienen menú?
—¿Qué? Oh, sí. —dijo Jaejoong rápidamente sacándose un menú de debajo del
brazo. Sus mejillas se sonrojaron pero el cliente pareció no darse cuenta
mientras miraba la lista de platos.
Cuanto más lo miraba Jaejoong, más fuera de lugar le parecía que estaba el cliente.
Jholic estaba de camino a Jirisan así que no era inusual que los montañeros
pararan. Pero aunque el hombre tenía una mochila, llevaba un tipo de ropa
informal que podías encontrar en cualquier tienda de barrio.
Incluso durante el verano las duras condiciones meteorológicas del norte
incluían bajas temperaturas y nadie intentaría un ascenso sin una buena ropa de
abrigo. La camiseta sucia del hombre estaba manchada con polvo de la carretera
y sus desgastados vaqueros estaban rotos por las rodillas. Definitivamente no
tenía la pinta de haber estado escalando montañas, no con esas viejas
zapatillas de deporte, y esa mochila cuyas costuras parecían a punto de
reventar.
Ir sin afeitar y sin peinar le hacía parecer más sospechoso. Podría pasar
por uno de esos estudiantes que hacen autostop de costa a cosa pero parecía que
pasaba de los treinta años.
No había ningún automóvil en el aparcamiento de enfrente. Seguramente, una
vez que
acabara de comer, el hombre preguntaría por el próximo autobús a la
estación. Jaejoong intentó recordar dónde había puesto los horarios del
autobús.
—Cuando se haya decidido pégueme un grito, —dijo Jaejoong girándose para
irse.
—Ah, sólo será un minuto.
—¿Sí?
Aunque no había muchas cosas en el menú, éste tenía varias páginas. “Este
hombre sabe lo que quiere”, pensó Jaejoong.
—¿Los postres los hacen ustedes?
—No, los hace en una pastelería de los alrededores.
—Oh, de acuerdo, bien entonces.
Su primera pregunta salida de la nada desconcertó a Jaejoong. El hombre
empezó a pedir platos de cada página.
—Pasta con níspero de Japón y albahaca silvestre.
—Sí.
—Pasta a la boloñesa con peperoni. Risotto con champiñones y ternera picada
con arroz.
—S…sí.
—Un pilaf de gambas. Hamburguesa con rábano rallado. Y el sándwich de pollo
a la brasa.
—Ah, um…
De repente Jaejoong se dio cuenta de que el hombre estaba leyendo los
nombres de todos los platos del menú uno por uno.
—No está pidiendo todo lo que hay en el menú, ¿verdad?
—Eso es exactamente lo que estoy haciendo. Quiero que prepares todo lo que
tengas.
¿Este hombre le estaba tomando el pelo? ¿O es que pensaba marcharse sin
pagar?
Jaejoong estaba completamente perplejo. No estaban exactamente en medio de
la nada pero si había una pelea nadie vendría corriendo. Por otra parte, podría
llamar a la policía desde la cocina.
Jaejoong se vio a sí mismo detrás del mostrador, tomando silenciosamente un
cuchillo sin que el hombre se diera cuenta.
Como si le hubiera leído el pensamiento, el hombre empezó a rebuscar por su
mochila. ¿Estaba buscando un arma? Cuando Jaejoong estaba a punto de batirse en
retirada, el hombre sacó un fajo de diez mil yenes.
—Ey, no pasa nada. Tengo dinero. No voy a comer y huir, así que cocina lo
que he pedido. Si no te fías de mi, pagaré por adelantado.
—¿Eh?
No importa lo increíble que fuera el apetito que este hombre tuviera, no
podía ser posible que se comiera todo eso de una vez. Jaejoong no sabía todavía
qué estaba tramando pero al menos no se iba a ir sin pagar.
Dándole vueltas a esto volvió a la cocina y puso una olla de agua a hervir.
Ya que normalmente trabajaba solo estaba seguro de que podía cocinar todo eso
una vez tomara el ritmo. Sintió la mirada del hombre clavándose en su espalda
mientras iba hacia la cocina.
—Tómate tu tiempo. No tengo prisa, —le aseguró el hombre.
Jaejoong no había empezado el negocio ayer pero este cliente estaba
infravalorándolo. Jaejoong se palmeó ligeramente sus sonrojadas mejillas y
rechinó los dientes con determinación. “Está bien. Vamos allá.”
De la nevera sacó un envase de pasta y una balanza. Siempre utilizaba
fideos finos para la pasta con nísperos pero quería algo más grueso para la
boloñesa.
En cualquier caso, no podía cocinar todo a la vez. Empezó añadiéndole hojas
de perilla a los nísperos al estilo de las ensaladas de pasta fría. La boloñesa
fue cocida a fuego lento desde el principio junto al parmesano, para sacarle
ese sabor dulce y umami(4). Rehogó el ajo cortado en aceite de oliva para el
peperoni. Entonces le añadió algunos pimientos rojos, dando la impresión de
fuegos artificiales.
—Gracias por esperar.
Llevando tres platos a la vez, Jaejoong de repente se dio cuenta de que
había olvidado poner los cubiertos. El hombre sonrió burlonamente mientras él
corría de un lado para otro pero Jaejoong no tenía tiempo para sentirse
ofendido.
Mientras freía el arroz en la misma sartén usada para rehogar el ajo, el
sudor se le perlaba en las cejas. Pero se olvidó de los champiñones y para
cuando éstos estuvieron hechos el arroz se había vuelto pastoso.
Llenó un bol con arroz blanco y añadió salsa de carne de una bolsa. Sólo
usaba un preparado precocinado para la salsa de carne y el pilaf(5) de gambas.
No era barato pero a la larga se ahorraba dinero del Jholic. Enjuagó la sartén
del risotto y la usó para freír la hamburguesa cubriéndola con un glaseado
caliente.
Mientras acababa el sándwich a la brasa, Jaejoong se dio cuenta de que
estaba jadeando como un corredor de maratón. Cada mañana hacía comida para
varios clientes a la vez, así que… ¿por qué ya estaba tan cansado? Sintió cómo
el sudor le resbalaba por el cuello.
—P…perdón por hacerle esperar.
—¿Por qué no te sientas? —le sugirió el hombre.
Una montaña de platos le esperaba en la cocina. El primer impulso de Jaejoong
fue decir que no, pero todavía había tiempo hasta la hora punta de la comida.
Al parar para recuperar el aliento sintió que iba a caerse, pero inclinó su
cabeza para aceptar la proposición del hombre y se sentó frente a él.
Sin decir una palabra, el hombre empezó a organizar los platos por la mesa
en lo que parecía ser un ranking de mejor a peor. El hombre comió tan
tranquilamente que a Jaejoong le dieron ganas de hacer pucheros.
—Huh —el hombre gruñía de vez en cuando.
—¿Huh?
Los ojos de Jaejoong
se abrieron aún más, temiendo que el paladar del hombre hubiera encontrado algo
desagradable. Su corazón latía más deprisa. El cansancio estaba evaporándose,
pero sentarse ahí no era una experiencia agradable. Estaba a punto de
levantarse cuando el hombre se llevó un trozo de pollo a la boca.
—¿Cuándo cortaste el limón?
—¿El limón? um, ah, anoche.
—¿Y lo guardaste en un recipiente de plástico, verdad?
—S… sí.
—Huele a plástico. Un recipiente de plástico no es lo mejor. Deberías
preparar limón fresco todas las mañanas.
—¿Sí?
Aunque parecía un vagabundo, el hombre tenía el aire de un gourmet. Jaejoong
no tenía la suficiente confianza para responderle. La forma en que miraba la
comida de cada plato era prueba suficiente de un paladar entrenado.
Se comió casi una tercera parte de la pasta y el risotto, pero el pilaf y
la ternera picada apenas tuvieron contacto con sus papilas gustativas. Jaejoong
estaba seguro de que a estas alturas debería estar ya lleno pero por la forma
en la que estaba engullendo la hamburguesa, parecía que aún le quedaba sitio.
Sin ninguna duda detectaría el preparado del plato.
El hombre olió la salsa de rábanos de la hamburguesa. Una gran arruga
apareció en su entrecejo.
—Has usado la misma sartén que para el risotto, ¿verdad?
—Sí, —admitió Jaejoong.
—Esta salsa es japonesa. El aroma del aceite de oliva es demasiado
intrusivo. Deberías usar sartenes diferentes. “Lo que tú digas”, pensó Jaejoong.
El Jholic no tenía tantos tarros y cacerolas. ¿Pero qué demonios esperaba
ese hombre? Estaba a punto de preguntarle directamente cuando el hombre le
pidió a Jaejoong que le contratara.
—¿Qué?
—Tienes un cartel de “se busca personal” colgado.
—Para buscar una camarera.
—Discúlpame por decirlo pero tus métodos son un desastre. Y tu uso de los
ingredientes es amateur.
—¡Hey!
¿Por qué este tipo que no había visto antes estaba discutiendo con él? Si
no hubiera sido un cliente le habría dado un puñetazo. Jaejoong no podía
permitirse perder una cuenta de unos miles de yenes pero este tipo había tirado
por la ventana la educación.
—Gracias pero no, gracias. Esta clase de lugar no necesita un chef
profesional, —dijo Jaejoong educadamente. “¿Quién demonios eres?”, quería
preguntarle para bajarle un poco los humos.
Pero al tipo parecía que le daba todo igual y lentamente se puso en pie.
—Me gustaría usar tu baño —dijo.
—¿Mi baño?
—No estoy en condiciones para cocinar.
—¡Es… espera un minuto!
El hombre le ignoró y pasó por entre las mesas. Ahí fue cuando Jaejoong
notó que había algo raro.
Este completo extraño arrastraba el pie derecho mientras caminaba. Se movía
enérgicamente porque sus piernas eran largas pero se ladeaba ligeramente a la
derecha con cada paso. Un escalador no tendría una pierna inválida. ¿También
habría tenido un accidente en la montaña? El corazón de Jaejoong latió
fuertemente en su pecho.
—¿Aquí? —Preguntó el hombre abriendo la puerta de la casa. Encontró el
cuarto de baño y empezó a quitarse la ropa en el pasillo mismo.
—¡He… hey! —gritó Jaejoong incrédulo con la boca abierta.
Quizás este chico no tramaba nada bueno en realidad. Un escalofrío le
recorrió la espalda y las rodillas le temblaron.
—Como he dicho, sólo quiero usar tu baño.
—¿Has dicho el baño?
—¿Te gusta mirar a hombres desnudos o algo así?
De repente, Jaejoong se dio cuenta que estaba mirando a un hombre
completamente desnudo. Y no es que hubiera nada de malo en eso, pero sus
mejillas se sonrojaron.
—¡Eres tú el que está ahí de pie desnudo!
—No puedo tomar un baño con la ropa puesta, ¿verdad?
—Tú… —farfulló Jaejoong. Se lanzó hacia delante para sacar el patético culo
de aquel chico fuera de la casa, pero este le cerró la puerta en las narices.
Lo único que hizo Jaejoong fue quedarse ahí durante un minuto, con la boca
abierta lleno de incredulidad. Finalmente su cerebro se puso en funcionamiento
y volvió en sí. ¡La policía! Estaba a punto de ir otra vez hacia la tienda
cuando la puerta se abrió detrás de él.
—El agua está fría. ¿Cómo se ajusta la temperatura?
—Ah, em, perdón. Es un calentador viejo. Es la válvula de la derecha.
—Entendido, —dijo el hombre, cerrando la puerta con fuerza otra vez.
Jaejoong se deslizó por la pared hasta que acabó sentado en cuclillas.
Había una huella de pie mojado en el suelo hecha por su pie derecho. Otras
marcas alargadas cruzaban el suelo de madera dura, como si una serpiente
hubiera reptado por todo el pasillo.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Jaejoong. Las cicatrices donde la piel
del hombre había sido cosida tenían un brillo escalofriante. ¿Tendría más
heridas? ¿Cuántos efectos secundarios acarrearía? ¿Todavía le dolería? Jaejoong
se quedó ahí sentado, rumiando las posibilidades, incapaz de levantarse.
Unas sombras se distinguían a través de la mampara. Este hombre salido de
la nada había tomado control de su baño, y de repente Jaejoong se dio cuenta de
lo absurdo que era todo eso.
—¡Ey, dame una toalla! —gritó el chico desde la puerta.
Jaejoong se puso de pie, sacó una toalla del armario y se la dio. El hombre
se secó vigorosamente el cuerpo mientras su cabello chorreaba. Entonces sacudió
la cabeza como un perro, lanzando gotas de agua hacia todos lados y, sin una
pizca de vergüenza, se enrolló la toalla a la cintura.
—¿Has visto alguna pieza de ropa interior limpia? —dijo el hombre en tono
casual.
¿Quería tomar prestado eso también? Debía estar bromeando. Jaejoong comparó
su esbelta figura con el físico musculoso del hombre y frunció el ceño. Ni
tomes ni des prestado, dice el dicho. Pero ahora que ya estaba en el viaje, sin
importar lo costoso que la tarifa pudiera ser, debía continuar.
—Oh, no importa, yo tengo algunas, —dijo el hombre sacando unos
calzoncillos blancos de la mochila. Eran de los normales, de esos que ni los
niños de instituto llevaban hoy en día. Jaejoong no pudo evitar sonreír, pero
su sonrisa se borró enseguida cuando vio que el hombre sacaba un delantal y
unos pantalones de chef.
—¿Eres tú un…? —jadeó Jaejoong.
—¿Eh?
Sólo chefs con años de experiencia llevaban uniformes como ese. Este hombre
debía de ser muchísimo más respetable que la sucia criatura que parecía ser.
Mientras Jaejoong se preguntaba qué decir ahora, el hombre sacó un cilindro
largo y blanco.
—Puede ser que no pueda ponérmelo porque el techo de tu cocina es muy bajo.
El sombrero de chef medía al menos veinte centímetros. Aunque el techo de
la cocina nunca había resultado ser un problema para Jaejoong o sus abuelos, si
el chico se ponía al final ese sombrero éste golpearía contra el ventilador del
techo.
El hombre no estaba intentado ser desagradable pero a Jaejoong todavía le
caía mal. Le había asustado colándose en su casa y ahora el asunto del gorro lo
estaba enojando.
—Pues no lo lleves.
—Pero entonces mi cabeza lo echará de menos. “Ese estúpido gorro debería
ser la última de tus preocupaciones”, pensó Jaejoong fulminándolo con la
mirada. Estaba a punto de darle una respuesta cortante cuando el hombre sacó
una bandana de su mochila y se la ató en la cabeza.
—Bueno, qué se le va a hacer, esto bastará.
Y así, su apariencia cambió de maestro chef a la de un cocinero cualquiera.
—Voy a tomar prestada tu cocina.
—Haz lo que te apetezca, —contestó bruscamente Jaejoong.
El hombre cruzó por delante de él y se dirigió hacia la cafetería. Jaejoong
consideró el dejarlo hacer lo que quisiera, pero si un cliente entraba estaría
en problemas. Así que se apresuró a seguirle.
—¿Puedo tomar prestadas un par de sandalias? —preguntó el hombre.
—Claro, claro.
Las deportivas andrajosas del hombre y las zapatillas de cocina de Jaejoong
estaban apoyadas en el genkan(6) situado entre la casa y la cafetería. Las
deportivas estaban cubiertas completamente de polvo, pero las zapatillas de Jaejoong
no le entrarían de ninguna forma al hombre. Jaejoong le señaló unas sandalias
que estaban en el rincón y que parecían ser la única opción.
—Cambiarás de opinión cuando pruebes mi comida, —prometió el hombre.
—No importa, no voy a contratarte, —dijo Jaejoong calmadamente, pero en su
interior estaba hirviendo de ira.
La intimidante diferencia de altura entre los dos hizo sentirse a Jaejoong
incómodo. Miró al hombre, buscando fallos pero, a pesar de todo, pronto empezó
a mostrar interés.
—Para empezar vamos a ordenar todo esto —dijo el hombre enérgicamente.
La cocina estaba organizada en torno a una isla central pero era demasiado
estrecha para un hombre tan grande. El hombre murmuraba para sí mientras se
preparaba para la faena. Era fácil de ver que tenía muchos años de experiencia.
—¿No tienes una nevera estrecha? —Preguntó el hombre inocentemente. “Al
menos no lo está diciendo con burla”, pensó Jaejoong. Un restaurante con dos
neveras normales no podía llegar a nada.
—Tomaré este muslo de pollo.
—Está bien.
—¿Tomates frescos o puré?
—Hay de las dos cosas pero…
—Enséñamelo.
Jaejoong le dio al hombre un paquete de tomates. El hombre tomó una lata de
puré de tomate de una estantería y lo estudió con atención. Después puso una
olla con agua a hervir.
—Estos tomates parecen bastante buenos. Si no te importa…
—Para nada.
Jaejoong podía decir que sabía lo que estaba haciendo simplemente por la
forma en la que cocinaba los tomates, pero se mordió la lengua y miró.
—¿Tienes caldo? —preguntó el hombre
—¿Valdrá una pastilla de caldo?
Su largo suspiro sufrido hizo que Jaejoong quisiera pegarle.
El hombre puso aceite de oliva y especies al lado del fuego y de la sartén.
—¿Me puedes preparar la pastilla de caldo?
En un momento Jaejoong había pasado de chef propietario a estudiante. Como
le había indicado, deshizo la pastilla de caldo en la sartén y esperó
instrucciones. El hombre cortó el ajo, lo echó en el aceite y lo salteó
cuidadosamente, asegurándose de que no se quemaba. Deshuesó el muslo, lo puso
en la sartén y lo doró por ambos lados.
—¿Puedo usar este plato?
—Claro.
El hombre puso la carne estofada en un plato llano blanco y después echó
los tomates en la sartén, cortándolos rápidamente con la espátula.
—Ahora echa el caldo, —dictó el hombre, subiendo el fuego.
—Bien.
El hombre añadió sal y pimienta y echó la salsa encima del pollo.
—Hora de probarlo —dijo, agarrando un cuchillo.
Cortó un trozo generoso del centro, lo pinchó con el cuchillo y se lo puso
a Jaejoong en la boca. Por un momento Jaejoong se preguntó si debería agarrarlo
con las manos o si debería sacar un plato.
Al final lo que hizo fue abrir la boca. El hombre se rió entre dientes,
pero era demasiado tarde para preocuparse por eso. La carne tierna se deslizó
hasta su boca.
—Es delicioso. —Jadeó Jaejoong.
Apenas podía creer que algo tan bueno hubiera salido de su propia cocina.
El rico sabor explotó intensamente en su boca, un espectáculo que podría ser
difícil de imaginar por el precio del ticket.
—Como los tomates eran frescos no necesité añadirle azúcar, —explicó el
hombre.
—Los compré en un supermercado del vecindario esta mañana.
Jaejoong tomó con ansias un cuchillo y un tenedor y cortó el pollo. Ahora
que lo pensaba, no se había molestado en desayunar hoy.
Con el estómago vacío cualquier comida parecía buena, pero incluso con un
estómago lleno este sabor sería insuperable. Era difícil aceptarlo, pero el
hombre era muy bueno.
—¿Te gusta?
—Sí.
—Bien, entonces contrátame.
—Um…
Su comida definitivamente era deliciosa pero contratarle era una cosa
totalmente distinta. La cosa era que Jaejoong no podía permitirse un cocinero
como él, sin importar lo pluriempleado que fuese.
—Lo siento mucho pero… — Jaejoong se atoró intentando pensar en una manera
educada de rechazar al hombre. Mirando su plato vacío, pensó en un montón de
excusas.
Tus habilidades son demasiado para este sitio. No perteneces a un antro
como este.
Quizá Jaejoong podría apelar al orgullo profesional del hombre. Justo
cuando iba a hacerlo éste dijo algo completamente fuera de lugar.
—Trabajaré por el salario mínimo.
—¿Eh?
—Justo como dice el cartel. Cuatro horas al día, salario mínimo. Me
conformo con eso.
—Ah, pero… — balbuceó Jaejoong buscando una contestación.
¿El hombre sabía siquiera algo de matemáticas básicas? Ni siquiera Jaejoong
trabajaría por esa miseria de salario. Mientras se rascaba la barbilla el
hombre lo agarró de la muñeca.
—Perdón. —Se disculpó el hombre, aunque no lo dejó ir—. Parece que te
muerdes las uñas.
Jaejoong tenía algunos hábitos infantiles pero ahora no tenía ganas de
defenderse. El hombre lo miró de arriba hacia abajo.
—La montaña…—empezó a decir, pero enseguida cerró la boca.
—¿La montaña?
—Puedes ver el monte Jirisan, ¿verdad?
Por supuesto. Quería estar en un lugar desde donde pudiera ver la montaña. Jaejoong
miró por la ventana. La visión que se desvanecía de noche era tan clara como el
día, cuando el tiempo era bueno.
—No puedo escalar con esta pierna pero me gustaría estar cerca de la
montaña.
El único lugar al que Jaejoong nunca iría. Las montañas estaban a su
alcance pero él no las podía tocar. Estaba forzado a tener esa vista, día tras
día.
Mirando fijamente hacía afuera, el hombre soltó la muñeca de Jaejoong y
sonrió.
Una ola de nostalgia azotó a Jaejoong. Eran los mismos sentimientos que tenía
cada vez que pensaba en la avalancha.
La piel de Yong Ha estaba moteada con manchas marrones, las cuales decían
que eran quemaduras de la nieve.
Jaejoong siempre suspiraba cuando comparaba su brazo pálido con el oscuro y
firme de Yong Ha.
—¿Te parece firme? Tú tampoco eres nada flojo. —había dicho Yong Ha.
—Pero quien es delgaducho es siempre delgaducho. No es lo mismo que ser
musculoso.
—Yo gané músculo sin hacer nada—. Dijo Yong Ha encogiéndose de hombros.
Los brazos delgados de Jaejoong tenían muy poco músculo y gritaba como una
chica cada vez que Yung Ha le pegaba un pellizco. Unos minutos después, en su
cama, esos gritos se convertían en otros de placer.
Este hombre tenía el olor de Yung Ha. Era de la misma estatura y tenía la
misma fortaleza. Poco a poco las piezas sueltas de los recuerdos de Yong Ha
empezaron a encajar.
—Pero…
—¿Tienes una habitación de sobra? Si te sabe mal darme solo el salario
mínimo, podrías darme comida y alojamiento.
Dicho de esa manera el problema del dinero desaparecía, aunque Jaejoong
todavía podía decir que necesitaba referencias. Nadie le culparía por rechazar
a alguien que se había presentado sin avisar, que había criticado su comida y,
por si fuera poco, se había adueñado de su baño.
El hombre se quitó la bandana y su cabello húmedo se quedó levantado en
punta.
—Tu cabello, —dijo Jaejoong intentado no sonreír.
—¿Es bastante gracioso?
De repente Jaejoong empezó a reírse, lo que mandó sus reservas al diablo.
—La casa es pequeña, pero tengo una habitación de sobra —admitió Jaejoong.
Ahora mismo la usaba como almacén. Después de que sus abuelos se fueran a
vivir con sus padres le dijeron que no les importaba lo que hiciera con las
cosas.
—Entonces trato hecho —dijo el hombre sonriendo ampliamente. Extendió su
mano derecha.
—Soy Yunho. Mi apellido es Jung. Este es mi currículo.
Jaejoong leyó el meticuloso currículo con sorpresa. Este tipo había sido
chef durante más de diez años.
—No hay hoteles o ryokan por aquí —explicó Yunho—. Si no hubiera encontrado
nada hoy, estaba preparado para vivir a la intemperie. Dejarme usar tu
habitación me ha salvado la vida.
Cualquiera que hubiera parecido tan desaliñado como este chico sería
llevado a la cárcel por vagabundear y, aunque era verano, las temperaturas
todavía eran menores de quince grados por la noche.
¿Era estúpido…o heroico? A él definitivamente le importaba un pepino lo que
pareciera. Pero Yunho todavía parecía estar un poco en guardia a pesar de su
postura relajada.
—¿Ese es todo tu equipaje?
—Me gusta viajar ligero.
Igual que Yong Ha, este extraño había entrado a la cafetería con una
mochila amarilla. ¿Pero cómo reaccionaría Hyun Joong cuando averiguara que
estaban viviendo juntos? El hombre obviamente necesitaba un lugar donde
quedarse. La situación preocupaba a Jaejoong pero no podía echarlo ahora.
—Este sería un bueno momento para rehacer el menú — sugirió Yunho.
Otro Dejá vu. Yong Ha y él habían hecho el menú que tan poco le gustaba a Yunho.
Jaejoong no le contestó al principio.
—¿Eso es un no?
—Ah, no. Quiero decir…lo que sea. Si quieres cambiarlo, adelante.
Si cualquier otro lo hubiera sugerido Jaejoong se hubiera indignado. Pero
si lo decía este chico debía saber lo que hacía.
—Tu menú es bueno. Lo podría hacer con los ojos cerrados — dijo Yunho
encogiéndose de hombros y pareciendo que daba su brazo a torcer.
Jaejoong lo miró. Acababa de contratar a un chef de cinco estrellas y le
había dejado quedarse en su casa también. Quizá debería llamar a Hyun Joong y
contarle el repentino cambio de acontecimientos.
Mientras intentaba averiguar qué contarle, la expresión de Jaejoong se
ensombreció. ¿Esto era algo que podía soltar de una vez en una conversación por
teléfono?
—Cuando haya desempacado, iré a la cocina. ¿Te parece bien?
—¿Mis dotes culinarias son tan malas?
—Solo digamos que no eres tan bueno.
Esa tarde debería ponerse en contacto con Hyun Joong. Pero mientras Yunho y
él se conocían, Jaejoong no podía parar de pensar en esa llamada.
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(4) Es uno de los cinco sabores básicos que reconocen los receptores especializados de la lengua humana, además de dulce, salado, amargo y ácido. Es una palabra japonesa que significa sabroso. El sabor umami fue descubierto por el químico japonés Kikunae Ikeda.
(4) Es uno de los cinco sabores básicos que reconocen los receptores especializados de la lengua humana, además de dulce, salado, amargo y ácido. Es una palabra japonesa que significa sabroso. El sabor umami fue descubierto por el químico japonés Kikunae Ikeda.
(5) Modo tradicional típicamente hindú de cocinar el arroz.
(6) Es el área de entrada tradicionales asiáticas para una casa.


También yo hubiera desconfiado al verlo entrar así, pero como dicen las apariencias engañan, mira que ser todo un chef de 5 estrellas.
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