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Always Keep The Faith ~ Hope To The End

domingo, 29 de diciembre de 2013

Fanfic: Mi Hermoso Samurai [Capítulo 7]


Título: Mi Hermoso Samurai
Autor (a): Sedonia Guillone
Tipo: Adaptación
Genero: Épico-Realidad, Romance, Gore (mínimo)
Parejas: YunJae, YooSu
Rating: +17
Extensión: Serial, 15 capítulos
Estado: En Progreso
Adaptacion: Faty1895

Nota:

*Se han tenido que realizar algunos cambios a la historia original para poderla adaptar al YunJae.
*Al ser una historia relatada en Japón, los nombres de los personajes de esa nacionalidad serán pronunciados en japonés: Yoochun=/Yuchun/ (ユチョン), Yunho=/Yunjo/ (ユンホ), Junsu=/Junsu/ (ジュンス), Changmin=/Changmin/ (チャンミン )

Recomendación:

*Leer los pies de página para entender mejor el significado de algunos términos japoneses.

*~Resumen~*

Sexualmente reprimido y atado al deber, el detective Jung Yunho
se encuentra abocado la captura de un asesino serial que desde hace seis
meses asola Tokio. Sin pistas, la ayuda de un psíquico Coreano
parece ser la única esperanza para su captura. Aún contra su voluntad,
Yunnie deberá aceptarlo en el caso y en su hogar.
Una sola mirada y Jaejoong descubre lo que Yunnie significará en su vida.
Una sola mirada y Yunnie descubre que nada lo ha preparado para la
intensa atracción que el suave coreano despierta en él.
Para Kim Jaejoong la atracción es mutua y cada vez que él y Yunnie se
encuentran saltan chispas de pasión. Cómo explicar que no puede ser
tocado porque sus habilidades psíquicas se sobrecargan con emociones
ajenas, cómo explicar que su toque, sin embargo es diferente.
Cada uno de ellos viene de un largo autoaislamiento y por razones
muy diferentes. Sin embargo, mientras Yunnie y Jaejoong más se acercan al
asesino, más aprenden sobre si mismos, y sobre fuerzas que van más allá
del reino de los hombres. ¿Fantasmas? ¿Posesiones diabólicas?
En un intento por salvar sus vidas, solo los cuerpos entrelazados y
desnudos de Yunnie y Jaejoong serán capaces de detener los crímenes que un
samurai enloquecido de celos y amor viene cometiendo desde tiempos
inmemoriales.
El amor parece ser la única barrera contra fuerzas inexplicables.
¿Pero será suficientemente fuerte entre personas tan diferentes?




Capítulo 7



Del diario privado de Koto Naomasa, agosto de 1847 (Documento almacenado en los archivos sellados del Tokyo – Edo Museo de Tokyo)

Oí por casualidad otra vez hoy a Kim Junsu rogándole a Yuchun que se convirtieran en ronin y abandonaran nuestra provincia. Como siempre, Yuchun se negó. Sé que Yuchun tiene otras ambiciones además de amar a Kim y sinceramente, no puedo evitar sentirme satisfecho con la frustración de éste. He amado a Yuchun durante casi la mitad de mi vida. Cada samurai en los cuarteles lo ha deseado, ninguno tanto como yo, aunque Junsu es el único a quien le ha entregado alguna vez su corazón y su cuerpo.
Los celos y la envidia están por debajo de un samurai y aun así abrigo tales sentimientos por Junsu. Él se ha ganado al único hombre que alguna vez he amado. Al mismo tiempo, no entiendo por qué nunca he sido capaz de mantener mi rencor contra Yuchun por rechazarme. Mi corazón todavía suspira por él, por este hermoso y arrogante hombre. Ni siquiera puedo odiarlo cuando los escucho a ambos en su tatami en medio de la noche, gimiendo y gruñendo su placer. Puedo oír los húmedos sonidos de sus labios cuando se besan.

Un ruido realmente fuerte resonó en el oído de Yunnie. Éste se movió. Sonó una segunda vez. Una tercera. Una cuarta. Yunnie abrió los ojos mientras otro ruido más lo traía de vuelta al presente. Maldición, era el teléfono de la mesilla de noche. Nunca había dormido en esta habitación, y el sonido del teléfono era extraño y más estridente.

Apartándose ligeramente del calor del cuerpo de Jaejoong, buscó a tientas el receptor justo cuando saltaba el contestador automático. Mientras levantaba el auricular, la máquina se desconectó.

—Moshi moshi —masculló, no intentando ocultar la somnolencia de su voz.

—Yunho-san, buenos días

—Changmin.

Yunnie suspiró, bastante aliviado. Con la presión de la investigación que se llevaba a cabo, Changmin se había convertido más o menos en la única persona cuya voz al otro lado de la línea no lo llenaba de ansiedad.

—Hola —se sentó contra las almohadas mientras se pasaba una mano por el pelo. A su lado, Jaejoong se movió y abrió los ojos.

El cuerpo de Yunnie se estremeció con la visión. Aquellos ojos azules y aquel pelo rubio despeinado hacían de aquella la primera mañana en que merecía la pena despertar en mucho tiempo. El deseo de que pudieran quedarse acurrucados juntos en la cama todo el día le provocó dolor. Se frotó los ojos con el pulgar y el índice. —¿Qué hora es, Changmin?

—Casi las once.

—¡Las once! —el cuerpo de Yunnie se tensó. Su reacción hizo que Jaejoong se sentara muy erguido y lo mirara con expectación. Yunnie intentó no quedarse mirando fijamente la dura barbilla cubierta de incipiente barba de color oro oscuro que rodeaba aquellos suaves labios. Nunca abandonarían la cama si lo hacía. Bajó la vista. —Lo siento —le dijo al teléfono —, ¿Por qué me has dejado dormir hasta tan tarde?

Una pausa.

—Tú y tu invitado necesitaban tiempo para descansar, Yunho-san —dijo Changmin suavemente.

Las mejillas de Yunnie se encendieron por el modo respetuoso con el que Changmin le decía que entendía.

—No te preocupes —continuó Changmin—, he establecido un programa para hoy. Todo está preparado. ¿Cuánto tiempo necesitan? ¿Media hora?

Yunnie le lanzó una mirada a Jaejoong, aquel dolor persistente de nuevo en su interior. Se prometió a sí mismo solo un minuto más en la cama y entonces estarían preparados.

—Ven dentro de cuarenta y cinco minutos.

—Ahí estaré.

—Gracias, Changmin. —era un buen amigo, siempre viniendo en su rescate.

—No hay problema, amigo mío. Ah, solo una cosa más. Llamé a la comisaría y aún no hay noticias del empleado desaparecido del hotel. Su esposa no lo ha visto desde su último turno.

Mierda. Yunnie suspiró y se pasó los dedos por el pelo.

—Muy bien. Gracias.

—No hay problema, Yunho-san. Te veré pronto.

Yunnie colgó el teléfono y se giró hacia Jaejoong.

—Mi compañero nos recogerá dentro de cuarenta y cinco minutos.

Sabía que sonaba triste, pero no podía evitarlo. Recordó la manera en que había dicho “te amo” a Jaejoong antes de quedarse dormido, y una repentina e intensa oleada de timidez lo invadió, deteniéndolo antes de extender la mano hacia Jaejoong como deseaba. Cuando le había dado la respuesta a la traducción, Jaejoong había respondido presionando la mano de Yunnie contra sus labios de una forma tan tierna que le permitió saber que Jaejoong era consciente de que su nuevo amante podía salir huyendo como un ciervo asustado. El mensaje había estado claro: Jaejoong se había dado cuenta de que las palabras no eran una mera traducción de su visitante fantasma.

Jaejoong alargó la mano y deslizó suavemente las yemas de los dedos por la mejilla de Yunnie. Éste se la cogió con suavidad y la mantuvo allí, presionándola contra su mejilla. Jaejoongº tampoco dijo nada, pero el aire entre ellos estaba lleno de palabras sin pronunciar y de sentimientos que pasaban de uno a otro.

—Me siento fatal por tener que pedirte que hagas esto —dijo Yunnie suavemente.

La mano de Jaejoong se puso rígida contra su mejilla.

—¿Hacer qué?

—Ir a todos los sitios a los que tenemos que ir hoy.

El alivio inundó la cara de Jaejoong.

—¡Oh! Por un momento pensé que te referías a... esto —señaló con su otra mano el espacio que había entre ambos.

Yunnie se dio cuenta de su error e inclinó la cabeza.

—No, por supuesto que no me refería a... —se quedó callado y miró a Jaejoong a los ojos.

Jaejoong le devolvió la mirada, sus iris azules se veían suaves y esperanzados.

—Voy a estar bien, Yunnie. Si estás allí, eso me ayudará. En cuanto me tocas, me siento mejor.

Yunnie sintió una opresión en el pecho. Presionó los labios contra la palma de la mano de Jaejoong, entonces la sostuvo entre las suyas.

—No dejaré que nadie más te toque —le dijo suavemente, consciente del doble sentido de sus palabras. Bajando la mirada hacia los suaves ojos de Jaejoong, Yunnie supo que, de hecho, esa era su intención.  Jaejoong sonrió, obviamente también consciente de ambos significados. Asintió.

—A excepción de cuando sea necesario que reciba impresiones de alguien asociado con las víctimas, lo acepto agradecido.

Yunnie se inclinó hacia adelante y besó los labios de Jaejoong, sin preocuparse de que eso fuera lo primero que hacía por la mañana. El beso fue breve, pero suave, transmitiendo la pasión que sentía por ese hombre. Sí, mientras él estuviera a su lado, nadie lo tocaría. El estremecimiento de posesión que traspasó su corazón provocó una reacción en cadena dirigida directamente a su ingle. Jaejoong era suyo. Y él era de Jaejoong. Su polla se tensó, y entonces se alzó firme, deseando a su compañero.

Jaejoong también pareció de acuerdo con el hecho de que ninguno se hubiera lavado los dientes. Separó los labios, aceptando la lengua que llenaba su boca y lo saboreaba con avidez. Posó la mano en la espalda de Yunnie, acariciándolo en amplios círculos desde la nuca hasta las nalgas una y otra vez.

Jaejoong se acercó más a Yunnie. Sus manos se deslizaban por la espalda del otro hombre. El instinto y la necesidad tomaron el mando, diluyendo la tensión del cuerpo de Yunnie mientras Jaejoong presionaba su pecho contra él y lo besaba más fuerte, empujándolo sobre su espalda hasta dejarlo debajo de su cuerpo.

Jaejoong deslizó una mano bajo las mantas y puso su palma sobre el estómago de Yunnie. El cálido toque envió espirales de calor directas a la ingle del policía. Las yemas de los dedos de Jaejoong se deslizaron hacia abajo por el abdomen de Yunnie, rodeando su ombligo y resbalando hasta su polla.

—Ahh —suspiró Yunnie en la boca de Jaejoong — mientras los dedos ligeramente callosos de éste se cerraban alrededor de su erección y acariciaban la piel con la suficiente presión para hacerlo levantar las caderas del colchón.

Jaejoong gimió en sus bocas unidas, excitándose al parecer con el placer de Yunnie. Se separó del beso y lamió un camino descendente sobre el torso de su amante, sin detenerse hasta que se arrodilló sobre las caderas de Yunnie y tomó su polla dentro de su hambrienta boca.

El calor húmedo de la boca de Jaejoong sobre su polla hizo desvanecer su capacidad de razonamiento. Yunnie cerró los ojos, haciendo rotar sugestivamente su pelvis contra la succión de los labios de Jaejoong. Yunnie extendió una mano y la apoyó ligeramente sobre el suave cabello de Jaejoong.

Éste gimió, y la vibración de su garganta envió estremecimientos por la polla de Yunnie, volviéndolo salvaje de repente por probar a Jaejoong otra vez como había hecho la noche anterior.

Extendiendo los brazos, sujetó con sus manos las caderas de Jaejoong, moviendo su propio cuerpo hasta que éste quedó a horcajadas sobre su cara. Yunnie deslizó con suavidad las manos por las duras nalgas de Jaejoon

Alzando la cabeza inclinada, Yunnie pasó la lengua con cuidado por la arrugada y firme piel de los testículos de Jaejoong. Éste gimió y Yunnie repitió el movimiento de su lengua, hacia adelante y hacia atrás, atormentándolo en un creciente frenesí hasta que las caderas de Jaejoong comenzaron a sacudirse.

Con un suave y sin embargo caliente ritmo, la boca de cada uno de ellos se movía sobre la polla del otro hombre. Jaejoong gimió otra vez, la baja y profunda vibración acarició la polla de Yunnie. La siguiente vez que balanceó su pelvis hacia arriba, Yunnie capturó la erección de Jaejoong en su boca, levantando la cabeza para dejar que toda la dureza del otro hombre se deslizara profundamente en su garganta.

Yunnie cerró los ojos y apretó los labios alrededor de la satinada piel de la polla de Jaejoong. Éste sabía delicioso, y su ligero aroma almizclado hacía que Yunnie se sintiera mareado de caliente lujuria. Sujetó firmemente las caderas de Jaejoong con las manos y chupó con un desenfrenado movimiento de bombeo de su cabeza, apretando la nervuda dureza con fuerza contra su lengua.

Jaejoong se empujó contra él y gimió, chupando a Yunnie más fuerte con su propia boca. Deslizó las yemas de los dedos ligeramente sobre los testículos de Yunnie, acariciándolos en un ritmo contrario al de sus labios. La deliciosa presión que se formó en las pelotas de Yunnie se propagó en espiral hacia arriba. Había pasado tanto tiempo desde que alguien se la había chupado que Yunnie explotó. Jaejoong se mantuvo sobre él, con su boca aceptando con avidez cada chorro, y Yunnie pudo sentir las diminutas contracciones de la garganta de Jaejoong mientras éste tragaba.

Yunnie sujetó firmemente con los labios la polla de Jaejoong  justo cuando éste estalló. Chorros calientes de semen resbalaron por su garganta abajo, y él tragó como si al beber la esencia de Jaejoong pudiera hacerlo formar parte de él.

El cuerpo de Jaejoong se sacudió varias veces por las convulsiones de su orgasmo hasta que se quedó sin fuerzas, teniendo cuidado de no derrumbarse directamente sobre su amante. Mantuvo la boca sobre la polla de Yunnie, dejando que terminaran los espasmos, dándole cada momento de placer con su lengua, hasta que no quedó nada más. Dejó que Yunnie se deslizara fuera de su boca y entonces se volvió. Con una mano a cada lado del cuerpo de Yunnie, se elevó formando un puente sobre él.

Miró fijamente hacia abajo a Yunnie mientras su pecho subía y bajaba, con sus ojos grises oscurecidos y ardiendo de pasión y deseo satisfecho.

—¿Fue bueno para ti? —dijo en voz baja.

Yunnie le devolvió la mirada. Asintió en silencio. De nuevo se había quedado mudo de asombro, tanto por el éxtasis de haber encontrado a Jaejoong como por la culpa, porque probablemente le rompería el corazón como se lo había roto a Heechul hacía tantos años. Se incorporó sobre los codos y presionó un beso sobre los labios de Jaejoong, deslizando la lengua sobre ellos, dejando que las esencias saladas de ambos se mezclaran en sus bocas.

Se separó y lo miró otra vez.

La comprensión se mostró en aquellos pozos de color gris profundo.

—No te preocupes, Yunnie —dijo suavemente—. Intentaré no pedir nada de ti que no puedas darme.

La culpa atravesó el corazón de Yunnie como un cuchillo. No tenía derecho a implicarse con este hombre de esa manera, pero aun así estaba indefenso contra la tierna pasión que sentía por Jaejoong. El amor era una fuerza demasiado potente. Y había intentado resistirse a ella durante demasiado tiempo.

—Ahora tienes todo el derecho a pedirlo —contestó.

Jaejoong lo besó suavemente otra vez. Suspiró y entonces echó un vistazo sobre su hombro al reloj al lado de la cabecera de la cama.

—¡Ey! —murmuró—. Ahora sólo tenemos treinta y cinco minutos para prepararnos.
Yunnie asintió. Habían sido diez minutos que había necesitado toda su vida.

—Yuchun, ven conmigo. Seremos ronin.

Jaejoong se puso rígido. Junsu. En menos de un minuto, el simple acto de abotonar su camisa mientras estaba sentado en el borde de la cama tomó un giro peligroso. El joven samurai estaba desesperado. Lo bastante desesperado como para invadir el cuerpo de Jaejoong y mostrarle su angustia.

Los dedos se le quedaron inmóviles sobre el botón. En la otra habitación podía oír a Yunnie que hablaba por teléfono con su tío. La cara de Junsu ondeó en su mente otra vez. Jaejoong cerró los ojos. A su alrededor había un jardín con piedras inclinadas. Los árboles rodeaban el jardín de piedras, en el medio del cuál había una estatua grande también de piedra. Un Buda.

Jaejoong parpadeó. Cuando abrió los ojos de nuevo, la cara de Yuchun estaba frente a él. Él y Junsu estaban arrodillados en la tierra, Yuchun venerando a la estatua y Junsu venerando a Yuchun. Una brisa hizo crujir los árboles circundantes.

Yuchun  se río entre dientes con suavidad, un sonido triste del tipo que uno hace cuando siente que la tragedia se extiende delante de él.

—¿Ronin? —repitió suavemente—. ¿Por qué? ¿Por qué necesitamos marcharnos? Aquí estamos juntos.

La frustración de Junsu tensó el estómago de Jaejoong, apretándolo como si se tratara de bandas de acero.

—Porque así seremos libres para prometernos amor uno al otro y a nadie más. —Observó cómo la mirada de Yuchun se movía rápidamente en todas direcciones, como si los monjes del templo los estuvieran espiando. A Junsu no le preocupaba. Déjalos. Ellos también tenían sus amantes. A él sólo le preocupaba una cosa.

Yuchun miró a Junsu y luego se puso de pie.

Junsu extendió la mano y lo agarró por el brazo, pero Yuchun se soltó.

—Aquí no —susurró.

Junsu bajó la vista. El corazón del samurai latía como loco, haciendo que Jaejoong sintiese el bombeo del órgano dentro de su propio pecho. Jaejoong sintió que alguien, de hecho, los estaba espiando. Exploró el jardín alrededor de los dos samurai, dándose cuenta que, a diferencia de su primera visión, en ésta su consciencia permanecía separada de la de Junsu. Al menos por el momento. No vio a nadie, aunque sintió con fuerza la presencia de alguien espiándolos.

Lamentablemente, después de un momento, la desesperación de Junsu comenzó a abrumarlo otra vez.

Yoochun se dio la vuelta para abandonar el jardín de las oraciones. Junsu lo siguió de rodillas como un terrier

—¡Por favor, Yuchun! Prométeme que al menos pensarás sobre ello.

—Te lo prometo, Junsu. Lo pensaré. —La voz de Yuchun estaba llena de tristeza. El anhelo de Junsu empujaba sin piedad en la consciencia de Jaejoong. Éste inspiró profundamente y se lo sacó de la cabeza obligándose a ponerse de pie.

El abrupto movimiento surtió efecto. El jardín perdió intensidad. Junsu y Yuchun desaparecieron. Jaejoong tomó un tembloroso aliento y terminó de abrochar la camisa. Oyó que Yunnie terminaba su conversación telefónica en la otra habitación. Agarró su chaqueta y se dirigió a la habitación del policía. Un toque del otro hombre lo ayudaría a disipar la visión y lo dejaría tranquilo para enfrentarse al trabajo que tenían por delante.
Yunnie estaba sentado en el borde de su cama, un futón con una simple colcha azul oscuro, y tenía aún el teléfono inalámbrico en la mano. La habitación, amueblada tan simple y austeramente como el resto, emitía una concentración de la misma triste agitación que Jaejoong había percibido en otras zonas del apartamento.

Yunnie levantó la mirada, sus ojos oscuros se suavizaron cuando vio a Jaejoong en la entrada del cuarto.

—Hola —dijo con suavidad. Se giró y colgó el teléfono. Volviendo la mirada hacia Jaejoong, frunció ligeramente la frente —¿Estás bien?

Jaejoong asintió. Entró en la habitación y se sentó al lado de Yunnie.

—Tuve otra de esas visiones. Ésta no sólo fue menos intensa, sino que también fui capaz de desconectarme antes de que tomara el control sobre mí.

Yunnie  frunció el ceño. Extendió el brazo y apretó el hombro de Jaejoong. Al momento una espiral de calor se propagó a través de su hombro, disipando los restos fantasmales que la visión había dejado dentro de él. Yunnie suspiró.

Jaejoong lo miró.

—No te preocupes. Estoy bien. —Sonrió—. Cuando haces eso, desaparece.

—Me alegro.

Jaejoong permaneció sentado en silencio, disfrutando de la sencilla sensación de la mano de Yunnie sobre su hombro. El reconfortante contacto le permitió recordar la visión sin la amenaza de que volviera demasiado pronto.

—Alguien los miraba —dijo, rompiendo el amigable silencio que se había instalado entre ellos—. Quiero decir que miraba a Junsu y a Yuchun.

—¿Era el asesino?

Jaejoong suspiró.

—No estoy seguro. No dejé que la visión continuara el tiempo suficiente para sentir la energía —sacudió la cabeza—. Odio hacerle eso a Junsu. Me siento como si él... no sé... estuviera tratando de decirme algo. Pero hoy no se lo podía permitir.

Yunnie le apretó el hombro.

—Sí, lo entiendo. Le pedí a mi tío que buscara cualquier registro que pudiera tener, o al que tuviera acceso, de los archivos del Museo Edo-Tokyo. Está trabajando allí en calidad de guía y conservador. Me llamará cuando haya encontrado algo.

Jaejoong asintió. Deseaba sinceramente que él y Yunnie pudieran haberse quedado en la cama. Ya echaba de menos el sentir el impecablemente musculoso cuerpo del policía amoldado al suyo.

Levantó la mirada, divisando un kimono grande de brocado de seda colgado en la pared de la habitación. Cautivado por su belleza, Jaejoong se lo quedó mirando fijamente. La prenda, colgada de una barra de madera sujeta a la pared por pequeños ganchos, era de un profundo azul celeste. Las brillantes puntadas del intrincado bordado formaban un encaje en su reluciente superficie. Era una obra de arte, la única cosa en el apartamento de Yunnie que le proporcionaba un aire de intimidad y pasión. Jaejoong lo señaló.

—Es precioso —dijo.

—Un regalo de mi tío, —contestó— es un traje de Noh, el teatro japonés. Un amigo suyo era uno de los más importantes actores de Noh de Japón en su época, y se lo dio después de retirarse. Lucharon juntos en la Segunda Guerra Mundial.

Jaejoong continuaba mirando fijamente el brocado de seda.

—Es impresionante.

—Sí, es muy hermoso.

En ese momento sonó el teléfono. Yunnie pulsó el botón, intercambiando unas pocas palabras en japonés y después colocó el receptor de vuelta en su soporte cargador.

—Era Changmin —dijo con la decepción marcada claramente en su voz—. Nos espera abajo.

Jaejoong suspiró y lo miró. El intercambio de miradas no podría haber sido más claro si hubieran expresado sus pensamientos en voz alta. Extendió la mano y cubrió brevemente la mano de Yunnie. Todo lo que podía esperar era que cuando el día terminara, Yunnie y él pudieran tener otra noche como la del día anterior.

—¿Adónde primero? —preguntó, quitando de mala gana la mano.

—A la morgue. Las últimas víctimas están retenidas allí para que puedas examinarlas antes de que entreguen los cuerpos a sus familias para los funerales.

—Ya veo. — Jaejoong reprimió un escalofrío. Las morgues eran a menudo la peor parte. Incluso los muertos, frías cáscaras vacías de unos cuerpos sin su cálida alma dentro, tenían historias que contar. A veces en la morgue todos intentaban hablar a la vez, como si clamaran por la atención de la única persona que todavía podía comunicarse con ellos.
Yunnie se levantó de la cama, recogió la chaqueta y se giró hacia Jaejoong.

—No te preocupes —le dijo suavemente— nadie va a tocarte.

El tono protector en la voz de Yunnie envió un cálido estremecimiento a través del pecho de Jaejoong. Por primera vez en años, o quizás en toda su vida, tenía a alguien que lo hacía sentir a salvo.

—Gracias, Yunnie.

Yunnie le dirigió una rápida sonrisa y entonces empezó a caminar hacia la puerta. Jaejoong lo siguió.



Todos los comentarios son bienvenidos ^^



4 comentarios:

  1. junsu quiere que se descubra la verdad y a si poder descansar . gracias por el capitulo

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  2. Muy, muy interesante y emocionante, ojalá Junsu pronto pueda dar la imagen de su asesino para ayudar a Jae a dar pronto con el asesino serial de este tiempo.

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  3. ayyy Señor, están enamorados y quieren estar juntos. no entiendo por qué Yunho dice que no quiere hacerle daño como se lo hizo a Heechum, no hay nada que les impida el estar juntos .tiene que dejar de lado prejuicios y estar con Jae que es lo que más quiere.
    qué fea virtud o don tiene Jae, escuchar los reclamos de los muertos. pobrecito qué carga tan grande lleva.
    es tan apasionante esta historia, la historia de yoosu es muy triste y misteriosa. quiero saber más. gracias

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  4. Me lo imaginaba esos dos no pueden estar tranquilos siempre quierne mas jajajaja pero con tal que se amen no hay problemas aunque Yunho no es muy seguro de sus acciones, que le habra pasado para que sea asi?

    En lo referente a las visiones de seguro Junsu trata de mostrarle quien es su asesino y poder de esa forma hacer justicia ...

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