Autor (a): Sedonia Guillone
Tipo: Adaptación
Genero: Épico-Realidad, Romance, Gore (mínimo)
Parejas: YunJae, YooSu
Rating: +17
Extensión: Serial, 15 capítulos
Estado: En Progreso
Adaptacion: Faty1895
Nota:
*Se han tenido que realizar algunos cambios a la historia original para poderla adaptar al YunJae.
*Al ser una historia relatada en Japón, los nombres de los personajes de esa nacionalidad serán pronunciados en japonés: Yoochun=/Yuchun/ (ユチョン), Yunho=/Yunjo/ (ユンホ), Junsu=/Junsu/ (ジュンス), Changmin=/Changmin/ (チャンミン )
Recomendación:
*Leer los pies de página para entender mejor el significado de algunos términos japoneses.
*~Resumen~*
Sexualmente reprimido y atado al deber, el detective Jung Yunho
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se encuentra abocado la captura de un asesino serial que desde hace seis
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meses asola Tokio. Sin pistas, la ayuda de un psíquico Coreano
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parece ser la única esperanza para su captura. Aún contra su voluntad,
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Yunnie deberá aceptarlo en el caso y en su hogar.
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Una sola mirada y Jaejoong descubre lo que Yunnie significará en su vida.
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Una sola mirada y Yunnie descubre que nada lo ha preparado para la
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intensa atracción que el suave coreano despierta en él.
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Para Kim Jaejoong la atracción es mutua y cada vez que él y Yunnie se
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encuentran saltan chispas de pasión. Cómo explicar que no puede ser
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tocado porque sus habilidades psíquicas se sobrecargan con emociones
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ajenas, cómo explicar que su toque, sin embargo es diferente.
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Cada uno de ellos viene de un largo autoaislamiento y por razones
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muy diferentes. Sin embargo, mientras Yunnie y Jaejoong más se acercan al
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asesino, más aprenden sobre si mismos, y sobre fuerzas que van más allá
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del reino de los hombres. ¿Fantasmas? ¿Posesiones diabólicas?
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En un intento por salvar sus vidas, solo los cuerpos entrelazados y
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desnudos de Yunnie y Jaejoong serán capaces de detener los crímenes que un
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samurai enloquecido de celos y amor viene cometiendo desde tiempos
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inmemoriales.
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El amor parece ser la única barrera contra fuerzas inexplicables.
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¿Pero será suficientemente fuerte entre personas tan diferentes?
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Capítulo 13
La casa familiar de Yunnie, estaba en una
calle tranquila en un vecindario de casas majestuosas con jardines impecables. Changmin
frenó hasta la acera para dejarlos salir. Yunnie había explicado a Jaejoong que
su compañero iba a cuidar de Keiko y llevarla con Kang In. Jaejoong había estado
completamente de acuerdo, pero no había preguntado a Yunnie, lo que la
naturaleza de los asesinatos significaba para ellos dos. A pesar de que Yunnie
había admitido sus sentimientos, como había dicho antes, el adoctrinamiento
familiar estaba muy arraigado, y Jaejoong no estaba tan seguro de que Yunnie
fuera capaz de superar semejante obstáculo.
Changmin se fue, dejándolos en la acera. Yunnie
miró a Jaejoong.
—Mi tío tiene un pequeño apartamento
detrás de la casa principal —dijo—. Es el hermano de mi padre y ellos quisieron
que él viviera aquí porque está…
Jaejoong cabeceó su entendimiento.
—¿Sienten que no está psicológicamente
bien debido a la guerra?
—Sí. Ha sido diagnosticado con el Síndrome
de Estrés Postraumático. Su médico explicó que puede durar el resto de su vida,
no importa cuantos años pasen.
Jaejoong asintió, sus ojos se
entristecieron.
—Sí, lo sé.
Las mejillas de Yunnie ardieron.
—Lo siento, Jaejoong. Ha sido insensible
de mi parte.
—Está bien. Ya he llegado a un acuerdo con
ese asunto—. Él hizo una pausa.
—¿De todos modos, están tus padres aquí
también?
—En realidad están en China ahora mismo.
Algún asunto diplomático.
—¿ Tu tío está aquí solo?
—No —contestó Yunnie, conduciendo a Jaejoong
a través del camino delantero de una vivienda que era mezcla de arquitectura
moderna y toques tradicionales japoneses, en el tejado y las paredes. A cada
lado del paseo delantero había jardines de piedras rastrilladas, enrejados, y
árboles bonsái. —Tenemos un ama de casa y un chofer.
Yunnie condujo a Jaejoong alrededor del
lateral de la casa hacia un patio trasero con más jardines. Lejos al final
había una casita, una versión más pequeña de la casa principal.
Una pantalla de soji se deslizó hacia un
lado. El hombre que estaba de pie allí, era bajo y bastante fuerte. Su fino
pelo gris enmarcaba una cara redonda y apacible. Los ojos del anciano se
iluminaron cuando vio a su sobrino. Él sonrió, sus ojos estrechándose mientras
gesticulaba hacia Yunnie.
Cuando Jaejoong y Yunnie se acercaron, el
tío de Yunnie se inclinó hacia él y luego hacia Jaejoong.
Yunnie habló al hombre en japonés y de
nuevo, aunque Jaejoong no entendiera las palabras, comprendió que Yunnie hacía
las presentaciones. Jaejoong extendió su mano para ofrecer un apretón y recibir
una impresión. Considerando las circunstancias y lo que él y Yunnie habían
descubierto hacía poco, no había tiempo que perder.
Yunnie dijo unas palabras más a su tío y
el anciano aceptó la mano extendida de Jaejoong.
—Le expliqué a mi tío que has venido de Corea
para ayudar con mi investigación. Está contento de conocerte. No le he dicho
exactamente lo que haces.
Jaejoong asintió comprendiendo y miró al
tío de Yunnie.
—Estoy encantado de conocerle, señor
—dijo, aun cuando sabía que el hombre no hablaba coreano.
La mano de Musashi descansó en la de Jaejoong.
Su apretón era tan apacible como su aspecto, la piel suave y seca. La impresión
inmediata que tuvo del tío de Yunnie fue de dolor profundo y de sufrimiento. El
trauma de guerra todavía lo atormentaba y su gran deseo de ahorrar su
sufrimiento a su sobrino llegó en su suave toque. Aunque hubiera cólera
residual en el corazón de Musashi, esta no iba dirigida a ningún individuo que Jaejoong
pudiera sentir, y por lo que él podría decir, Musashi ciertamente, no tenía el
corazón de un asesino. Yunnie había tenido razón en esto.
Satisfecho, Jaejoong liberó la mano de
Musashi y el hombre más viejo señaló hacia el interior de la casa, diciendo
algo en el japonés.
—Mi tío nos invita a tomar el té —explicó Yunnie,
dirigiendo a Jaejoong una mirada aguda. La pregunta en los ojos de Yunnie era
clara. Quería saber si Jaejoong sintió algo que pudiera impedirlo ir adentro.
Jaejoong asintió.
—Me gustaría mucho. Tu tío parece a un
hombre encantador.
—Lo es —contestó Yunnie — quitándose sus
zapatos sobre la estrecha cubierta de madera y siguió a su tío dentro. Él se
quedó justo en la puerta para esperar a que Jaejoong se descalzara y se les
uniera. Yunnie agradeció que su tío no fuera un asesino.
Su tío condujo a Yunnie y Jaejoong a
sentarse en un bajo sofá blanco ante una mesa de centro con la cubierta de
cristal. Yunnie sabía que su tío cumpliría toda la ceremonia del té, simple
pero ritual, queriendo honrar a su sobrino e invitado. El hecho de que Yunnie
estuviera aquí para preguntar a su tío por qué no le había contado sobre el
diario, le llenaba de culpa. Nunca había tenido ninguna razón en su vida para
hablar con el tío Musashi aparte de cariño y respeto mutuo. Yunnie sentía que era
él, el criminal aquí.
En la diminuta cocina, el hervidor de agua
comenzó a burbujear y silbar. Yunnie miró a su tío arrodillarse ante la mesa,
disponiendo el tazón de té, el batidor, la cuchara, la caja del té, y un paño para
limpiar los cuencos delante de ellos. Interiormente, suspiró, observando los
movimientos precisos, pacíficos del anciano.
—Tío —intentó suavemente. Yunnie sabía que
era inaudito interrumpir durante la ceremonia, pero, de nuevo, nadie por lo
general asistía una ceremonia del té mientras estaba a la caza de un asesino en
serie. Especialmente cuando el asesino era un fantasma que acababa de poseer el
cuerpo de tu amante.
Musashi le miró, su concentración no
parecía alterada.
—Lo siento —dijo Yunnie en casi un
susurro—. Esto es terriblemente urgente.
Musashi asintió y permaneció arrodillado,
sus manos en el regazo. En la cocina, el agua burbujeaba más rápida y fuerte.
—¿Qué te dijo el doctor hoy? —preguntó Yunnie.
Los oscuros ojos de Musashi se volvieron
distantes.
—Nada malo, Yunnie. Mi corazón va un poco
irregular de vez en cuando. Nada sobre lo que preocuparse.
Al lado de él, Yunnie sintió a Jaejoong
tensarse. Le echó un vistazo. Jaejoong miraba a Musashi, la expresión en sus
ojos azules ilegible. Yunnie se aclaró la garganta. No había ninguna otro
opción, excepto continuar.
—Tío, fui al museo como me dijiste. Ese
diario…había un asesinato descrito en él. Un asesinato como los que han estado
ocurriendo.
Musashi asintió y miró hacía abajo.
— Sí, lo sé. Pensé que quizás esto te
daría pistas.
—¿Desde cuándo conocías el contenido del
diario?
El silbato del hervidor gimió, el sonido
de que se disponía a elevar el pitido. Musashi se levantó de su posición
arrodillada y fue a la cocina. Yunnie lo oyó quitar el recipiente del calor. Al
momento, el anciano volvió a su posición de rodillas sobre el tatami, su cara
con una expresión preocupada.
—Hay otra pregunta en tu pregunta, sobrino. —Él fijó su mirada
triste en Yunnie.
—Lo siento, tío, pero debo preguntar.
—Supe del contenido del diario justo antes
de hablarte de su existencia.
—¿Cómo lo averiguaste, tío?
Musashi suspiró.
—No puedo contestar sin destruir tu
respeto por mí.
Las tripas de Yunnie se retorcieron.
—Sé que crees que mi mente es frágil
debido a la guerra —continuó Musashi. —Mi hermano y su esposa... Hasta este
momento, Yunnie, creí que tú opinabas de manera diferente a ellos. Es un
insulto —. El dolor emocional nubló la cara del anciano.
Yunnie inclinó la cabeza. Esta era una de
las cosas más difíciles que alguna vez había hecho. Musashi había sido siempre
la persona más amable de su vida.
—Te pido perdón, tío. Realmente siento de
manera diferente a mis padres. Pero soy detective en una investigación de
asesinato y creo que has tenido en tu poder el diario, desde hace unos pocos
meses. — Yunnie se reforzó para su siguiente declaración, algo que procedía
sólo de las visiones de Jaejoong. La reacción de su tío hablaría sobre la culpa
de Musashi o su inocencia. —Se lo diste a una joven que había ido a los
archivos a hacer la investigación.
Los ojos oscuros de Musashi se encendieron
con reconocimiento.
—Sí, lo recuerdo. Ella estaba escribiendo
un libro.
La sangre de Yunnie se heló en sus venas.
La mujer de la que hablaba era una de las parejas de lesbianas que había sido
asesinada. Él aún no había hecho a su tío confirmar la identidad de la muchacha
con una fotografía, pero obviamente la visión de Jaejoong había sido exacta.
—Eso es correcto.
La frente de Musashi se frunció y su cara
se nubló.
—Yo no sabía sobre el contenido del diario
en aquel momento. Estaba ocupado con otros proyectos y no había tenido tiempo
de leerlo. Sólo sabía que había pertenecido a un samurai en el Edo shogunate,
un constructor de espadas. La joven escribía un libro sobre el samurai y pensé
que podría ser una fuente interesante para ella en aquel tema. Esto fue todo
hasta…—Él se calló.
Yunnie se inclinó en su asiento, su
corazón aporreaba tan rápido que se preocupó de su propia capacidad de
permanecer consciente.
—Tío, es de extrema importancia que me
digas como conociste el contenido del diario. Te doy mi palabra de honor que te
creeré.
Los ojos de Musashi se nublaron. Su labio
inferior tembló.
—En…en un…sueño, Yunnie.
—¿Qué pasó en el sueño?
La mirada de su tío descansó en él.
—El samurai, el del diario, me dijo lo que
había hecho. Dijo que fuera y lo leyera, que conocería su crimen.
Las palmas de Yunnie estallaron en sudor. Yunnie
percibió que Jaejoong debía de estar sintiendo lo que pasaba, aun cuando no
entendiera las palabras. Yunnie deseaba traducir para él, pero sintió que sería
un insulto a su tío. Esperaría hasta que estuviera solo con Jaejoong para
explicarlo.
—¿Cuál era su nombre, tío?
Musashi pensó un momento. Yunnie sabía que
su tío recordaría. Él nunca olvidaba los nombres.
—Naomasa —dijo el anciano después de unos
momentos—. Koto Naomasa.
Un escalofrió se deslizó por la espina de Jaejoong.
No había entendido ninguna palabra de la conversación entre Yunnie y su tío,
aunque había adivinado las respuestas de Musashi a las preguntas de Yunnie. Y
ciertamente reconoció el nombre del samurai.
Yunnie permaneció tranquilo a su lado. Él
no habló durante unos momentos. Fue entonces cuando Jaejoong sintió la energía.
La misma fuerza que lo había poseído comenzaba ahora a llenar el cuarto. Sólo
que esta vez, era diferente.
Una sombra surgió detrás del tío de Yunnie,
cerniéndose detrás de él.
Jaejoong se puso rígido.
— Yunnie —susurró— él está aquí. El
asesino.
La mano de Yunnie fue a su chaqueta y Jaejoong
reconoció la respuesta automática de un detective. Iba a buscar su arma. Jaejoong
lo detuvo con una mano a su brazo.
—No lo hagas —le dijo suavemente.
Yunnie obedeció y sacó su mano justo
cuando su teléfono móvil comenzó a sonar.
Él lo sacó y contestó.
—Jung.
—Inspector. Soy Hayao.
—¿Sí, inspector ayudante?, ¿ Qué ocurre?
—Encontramos al empleado de hotel que
desapareció. Parece que también él se suicidó, como el modelo. Había alquilado
un cuarto en el otro lado de la ciudad y tomó una sobredosis de somníferos.
La tripa de Yunnie se anudó.
—Continúe.
—Era un botones del hotel. Su último turno
fue cuando ocurrieron los asesinatos.
El cuerpo de Yunnie se tensó como un
resorte.
—¿Qué más?
—Sus huellas dactilares coinciden con las
huellas del puño de la espada.
La sangre de Yunnie se heló y su mano
tembló alrededor del teléfono.
—¿Señor?
—Voy para allá. Avise al forense que
estaré allí en unos minutos.
— Hai.
Yunnie colgó el teléfono y miró a Jaejoong
que lo contemplaba fijamente con expectación. Yunnie contó a Jaejoong lo que
Hayao había informado.
—Jaejoong, todo ese tiempo estuvo delante de
mí. —Su voz se convirtió en un susurro ronco—. ¿Cómo puedo haber estado tan
ciego?
—¿ Yunnie, cómo podrías haber hecho la
conexión? ¿Cómo podrías haberlo sabido sin esta información?
Las palabras de Jaejoong eran amables y
calmantes, pero Yunnie no podía menos que culparse. Se levantó.
—¿Eres capaz de tomar más impresiones, Jaejoong?
Estoy preocupado de que ésta sea la más importante.
Jaejoong se levantó del sofá.
—Eso es para lo qué estoy aquí.
Yunnie se volvió hacia su tío, sintiendo
miedo por la seguridad del anciano. —Tío, debes de venir conmigo y con Jaejoong,
ahora. Te explicaré todo, pero debemos salir ahora mismo.
Musashi asintió.
—Por supuesto, Yunnie —.
Yunnie condujo a su tío al coche y le
ayudó a entrar en el asiento trasero. En un segundo estaban camino de la
Oficina Central. Cuando llegaron allí, Yunnie dejó a su tío en la sala de
espera del vestíbulo y bajó con Jaejoong al depósito de cadáveres.
—Hojo Kazunori —leyó Yunnie en el expediente que sostenía mientras
el asistente del depósito sacaba el cajón que contenía el cadáver del botones.
Jaejoong se estremeció con la vista,
aunque esta vez no había ninguna herida de horrible puñalada en medio del
hombre. Simplemente parecía dormido. Era el nombre Naomasa en la frente de la
víctima lo que le daba un aspecto tan macabro a su muerte.
Yunnie despidió al asistente.
—Edad veintinueve. La causa de la muerte
suicidio por sobredosis de somníferos —siguió Yunnie —. Vivía con su esposa
desde hacía tres años. Historial menor de robo de coche durante su
adolescencia. Nada desde entonces. Los compañeros de trabajo dijeron que era
tranquilo, introvertido, leía el periódico en sus descansos, y se iba a casa.
Los vecinos decían que era cortés, servicial y tranquilo.
Jaejoong miró a Yunnie quién volvió la
mirada hacia él, con una expresión de duda en los oscuros ojos.
—¿ Jaejoong, estás preparado?
Él asintió, apreciando la preocupación de Yunnie.
Yunnie creía que la rapidez de obtención de pistas en este caso era debida sólo
a las capacidades psíquicas de Jaejoong. Pero Yunnie sólo tenía razón a medias.
En el pasado, las investigaciones no habían tenido resultados tan rápidos
porque no había nadie que lo ayudara a regresar cuando las visiones casi lo
mataban.
Jaejoong avanzó y extendió la mano,
colocando la palma hacia abajo, en el hombro de Kazunori. Como de costumbre,
por un momento no pasó nada. Jaejoong cerró los ojos cuando una vibración de
energía pasó hacia su mano y brazo. Él permaneció quieto cuando la visión se abrió
a su mente.
Silenciosamente vio la cantidad de
imágenes que siempre le inundaban cuando tocaba un cuerpo. Kazunori comiendo en
la mesa con una mujer, probablemente su esposa. Kazunori vestido con el
uniforme de botones, leyendo un periódico. Hasta ahora, nada fuera de lo
ordinario.
Fue cuando ocurrió. La energía cambió,
oscureciéndose. La siguiente imagen era de Kazunori vistiendo una camiseta y
bóxer, de pie ante el espejo del cuarto de baño, afeitándose. Nada extraño.
Pero la imagen reflejada en el espejo detrás de Kazunori heló la sangre de Jaejoong
cuando la vio. Un hombre, de pecho amplio y fuerte, vestido en lo que parecía
ser un traje religioso, su pelo afeitado casi al rape como un monje, estaba
detrás de él, viendo afeitarse a Kazunori.
¿Naomasa? Quienquiera que él fuera, su
energía se irradiaba feroz y dura, la energía de un asesino, seguro. El
asesino.
Jaejoong soltó un aliento rápido,
reforzándose.
La escena siguió. Kazunori terminó de
afeitarse y aclaró el jabón de su cara. El hombre detrás de él, el monje…el
asesino…dio varios pasos hacia Kazunori, justo detrás de él y se quedó de pie
allí. Unos segundos pasaron. El monje dio otro paso hacia Kazunori y
desapareció. El cuerpo de Kazunori se sacudió enderezándose. Kazunori estaba de
pie, mirando fijamente el espejo, y Jaejoong vio la cara del asesino reflejada.
El pecho de Jaejoong se apretó. Ahora veía
a Kazunori salir por la noche, con una pala en la mano. Él llegó a un punto y
se paró, clavando la pala en la tierra y empezó a cavar. Tras unos momentos,
tiró la pala al suelo y se arrodilló, metiendo la mano en el agujero que había
cavado.
Una astilla de energía cruzó el brazo de Jaejoong.
Miró a Kazunori sacar un bulto de tela sucia, desenrollándolo para revelar una
espada. Jaejoong exhaló, su respiración se volvió trabajosa.
—¿ Jaejoong?
Jaejoong oyó la voz preocupada de Yunnie
detrás de él, pero no podía contestar. La respuesta estaba demasiado cerca. No
podía pararse.
La visión volvió al hotel. Jaejoong
reconoció la alfombra gruesa del vestíbulo. Kazunori estaba dentro, llevaba
puesto su uniforme, la espada en sus manos. Paso a paso el botones caminó hacia
una puerta. Sacó una tarjeta llave de su bolsillo y la deslizó en la cerradura,
abriendo la puerta.
Jaejoong jadeó. Sintió un ligero toque en
su brazo. Yunnie. De forma refleja se encogió de hombros para apartar la mano
de Yunnie. Kazunori estaba dentro del cuarto, mirando a la pareja en la cama,
ajenos a todo excepto a su encuentro sexual.
Jaejoong vio a Kazunori levantar la espada
y dejarla caer.
El cuerpo de Jaejoong se sacudió
violentamente pero luchó contra el impulso de desmayarse. Había más que ver.
Apretando los dientes, movió su mano del hombro de Kazunori a su frente,
colocando la palma hacia abajo como si estuviera tomando la temperatura del
hombre.
¡Bam!. Otra visión. Kazunori cruzando las
calles de la ciudad, su cara salpicada de sangre. Después estaba en un cuarto
de baño en algún sitio, un lugar sórdido, oscuro, limpiando su cara, sus ojos
grandes y aturdidos. En el momento siguiente estaba en ropa interior otra vez
en el mismo baño, un bolígrafo en su mano. Mirando su reflejo, Kazunori trazó
las letras a través de su frente. Cuando se dio vuelta, Jaejoong vio claramente
Naomasa escrito en su piel. Kazunori dejó el cuarto de baño y se sentó en un
catre, el colchón delgado y desnudo. Recogió un frasco de píldoras de la mesita
de noche y vació la cosa entera, tragándose las píldoras con un vaso del agua.
Fue lo último que vio Jaejoong antes de que el mundo se perdiera en la
oscuridad.
Yunnie dejó caer el expediente y sujetó a Jaejoong,
antes de que cayera.
—Está bien, te tengo. — Yunnie llevó a Jaejoong
al otro lado del cuarto y lo sentó en una silla. Jaejoong respiraba pesadamente
y Yunnie desabrochó el botón superior de su camisa. —¡Ayuda! —gritó.
Cuando el asistente apareció, Yunnie
ordenó que le trajera agua. Recuperó los papeles caídos del suelo y usó la
carpeta para abanicar la cara de Jaejoong. Yunnie permaneció en cuclillas al
lado de la silla, abanicando a Jaejoong hasta que los párpados de éste
revolotearon abriéndose y pareció recobrar el conocimiento.
La respiración de Jaejoong se calmó y Yunnie
suspiró de alivio. No entendía como Jaejoong podría resistir la tensión que
este trabajo obligaba a su cuerpo, incluso con la cura de reposo que había
recibido antes de venir a Tokio para ayudarle.
— Jaejoong, oye, mírame.
Para alivio de Yunnie, Jaejoong abrió los
azules ojos totalmente y le miró. Los ojos de Jaejoong parecían acosados y
lejanos, aunque despejados al mismo tiempo.
— Yunnie —susurró.
En ese momento el asistente apareció con
el agua. Yunnie tomó el vaso y lo despidió otra vez. Le dio a Jaejoong un sorbo
y esperó a que hablara primero, aunque estaba más que desesperado por saber lo
que Jaejoong había visto.
— Yunnie —dijo otra vez, su voz menos
chirriante al haber tomado un poco de agua.
Yunnie tomó la mano de Jaejoong. La piel
estaba caliente, por suerte, y los fuertes dedos de Jaejoong se cerraron
alrededor de la suya.
—Vi al asesino esta vez—. Jaejoong respiró
varias veces antes de continuar. —Lo vi entrar en el cuerpo de Kazunori y matar
a la gente en el hotel. — Jaejoong parpadeó varias veces y fijó su mirada en Yunnie.
—Lo vi conseguir el arma. La espada.
El aliento de Yunnie se trabó.
—Joder. ¿Dónde, Jaejoong? ¿Viste en dónde?
Jaejoong sacudió su cabeza.
—No. Él la desenterró de la tierra. No sé
dónde estaba.
Yunnie sacudió su cabeza y suspiró otra
vez.
—Maldito sea. Eso significa que la espada
están en algún sitio en Tokio. Nunca hemos sido capaces de rastrearla. Después
de la Segunda Guerra Mundial el gobierno confiscó cada arma de samurai,
guardándolas como tesoros nacionales. Había, sin embargo, más de veinticinco
espadas desaparecidas, creíamos que habían sido tomadas por soldados de los
Estados Unidos que las habían encontrado durante su servicio. No he sido capaz
de rastrear ninguna de esas espadas desaparecidas. Y además, si aquellas
espadas están, de hecho, en los Estados Unidos, entonces no estarían siendo
usadas aquí como armas para asesinar. Es como si estuvieran siendo sacadas para
airearse. —Él miró hacia Jaejoong —. ¿Cómo te sientes?
Jaejoong apretó la mano de Yunnie y lo
sostuvo.
—Estaré bien en unos minutos. Tenemos
preocupaciones más grandes ahora que mi fatiga. Como el hecho de que tenemos el
espíritu de un asesinato corriendo por ahí.
Una repentina ola de desesperación pasó
por Yunnie. No era una emoción que hubiera esperado sentir, como consecuencia
de conocer la respuesta a los asesinatos que habían estado asolando la ciudad y
su vida. Sin embargo, el asesino no era una persona de carne y hueso que él pudiera
detener y encarcelar. Suspiró y miró, aliviado por el toque de Jaejoong.
—¿ Jaejoong, cómo captura uno a un espíritu para impedirle matar
otra vez?
Jaejoong estuvo silencioso durante unos
momentos.
—Jodida buena pregunta. Me temo que esto
no es está en mi área de capacidades. Exorcismo y eso, supongo.
Exorcismo. La mirada de Yunnie fue volando
hasta Jaejoong.
—Por supuesto. Setsubun. La limpieza
ritual de espíritus malignos. Lo he visto hacer en fiestas en los templos. —Él
sacudió su cabeza—. Siempre pensé que era una estupidez. —Miró a Jaejoong.
—Ahora parece que es nuestra única esperanza.
Jaejoong asintió.
—Sí, parece que sí. ¿Te das cuenta que en
este caso particular hay sólo un modo de atraer al asesino, verdad?
El corazón de Yunnie dio tumbos. Él soltó
la mano de Jaejoong y se enderezó repentinamente, comenzando a caminar.
—No. Inadmisible. —Distraídamente sacó sus
cigarrillos, apretando el paquete en su puño. Yunnie se paró delante de Jaejoong,
mirándole. —De ninguna jodida manera. Es un riesgo para tu vida y puede que de
alguien más. Este asesino, Naomasa, o quienquiera que sea, tendrá que poseer
otro cuerpo e intentar cortarnos con una espada.
—Lo sé. ¿Pero qué opciones tenemos?
Yunnie se paró, la cólera bullendo en sus
tripas. Sacó un cigarrillo y lo puso entre sus labios, recordando en el último
segundo que un depósito de cadáveres está lleno de productos químicos y que no
era el lugar más adecuado para fumar. Se quitó el cigarrillo y lo sostuvo.
Sabía que Jaejoong tenía razón. No había nadie más que pudiera detener al
asesino, excepto Jaejoong y él. ¿Sin embargo, que otra persona, estaría
dispuesta a someterse a la posesión y pasar por los momentos de tratar de
asesinar a dos personas? ¿Y además, cómo realizarían un exorcismo al mismo
tiempo? Planteó las preguntas a Jaejoong.
—No lo sé, Yunnie. —La voz de Jaejoong estaba llena de compasión,
entendiendo el dilema moral de su amante.
Yunnie exhaló y quedó de pie, contemplando
el suelo. Tras un momento fue al cajón que contenía el cuerpo de Kazunori y
suavemente lo cerró. Suspiró y giró. Mirando a Jaejoong y viendo las líneas de
agotamiento alrededor de sus ojos, la cólera de Yunnie se derritió. Fue junto a
Jaejoong y se arrodilló, tomando su mano otra vez.
—Lo siento —murmuró.
Una pequeña sonrisa curvó los labios de
Jaejoong.
—¿Ahora te disculpas de qué? ¿Por qué?
Yunnie de repente se sintió profundamente
triste.
—No lo sé. Simplemente me pareció que era
lo correcto—. Él resistió la aplastante necesidad de descansar su cabeza en el
regazo de Jaejoong. Él nunca había pensado que como adulto podría encontrar a
alguien con el cual se sintiera seguro de nuevo.
Sólo en otro momento de su vida había
deseado hacer esto antes, cuando era un crío pequeño y su padre le había
zurrado con severidad por haber arrancado las rosas de su madre. Yunnie había
ido llorando a su tío que lo había consolado y había dejado a Yunnie descansar
su cabeza en sus rodillas.
Tío Musashi.
Yunnie alzó la vista a Jaejoong.
—Mi tío —dijo—, él es la única persona a
quien puedo pedir consejo sobre esto.
Jaejoong asintió y apretó su mano.
—Vamos entonces —dijo él suavemente—subamos.


cada vez cerca de resolver todo
ResponderEliminarMuy buena, no quiero dejar de leer pero tengo que salir. Regreso. Gracias.
ResponderEliminarqué complicada situación ,cómo harán para atrapar a un espírutu maligno???
ResponderEliminarJae realmente queda muy mal después de esos trances con los asesinados.
wow al parecer van a correr el riesgo.... espero que las cosas les salgan bien y que no se dificulten para ellos, puede ser muy peligroso exponerse de esa forma :(
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