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Este Blog fue especialmente creado para poder compartir todo tipo de información, fanfics, fanarts, etc., relacionado con la pareja conformada por Yunho y Jaejoong.
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Nota: El blog contiene material tanto de Yunho, Jaejoong, de DBSK y de los grupos a los cuales cada uno pertenece, así como material R18. Si no están interesados en la pareja (YunJae) o en lo que se muestra aquí, por favor abandonar el blog.



Always Keep The Faith ~ Hope To The End

jueves, 2 de enero de 2014

Fanfic: Mi Hermoso Samurai [Capítulo 13]


Título: Mi Hermoso Samurai
Autor (a): Sedonia Guillone
Tipo: Adaptación
Genero: Épico-Realidad, Romance, Gore (mínimo)
Parejas: YunJae, YooSu
Rating: +17
Extensión: Serial, 15 capítulos
Estado: En Progreso
Adaptacion: Faty1895

Nota:

*Se han tenido que realizar algunos cambios a la historia original para poderla adaptar al YunJae.
*Al ser una historia relatada en Japón, los nombres de los personajes de esa nacionalidad serán pronunciados en japonés: Yoochun=/Yuchun/ (ユチョン), Yunho=/Yunjo/ (ユンホ), Junsu=/Junsu/ (ジュンス), Changmin=/Changmin/ (チャンミン )

Recomendación:

*Leer los pies de página para entender mejor el significado de algunos términos japoneses.

*~Resumen~*

Sexualmente reprimido y atado al deber, el detective Jung Yunho
se encuentra abocado la captura de un asesino serial que desde hace seis
meses asola Tokio. Sin pistas, la ayuda de un psíquico Coreano
parece ser la única esperanza para su captura. Aún contra su voluntad,
Yunnie deberá aceptarlo en el caso y en su hogar.
Una sola mirada y Jaejoong descubre lo que Yunnie significará en su vida.
Una sola mirada y Yunnie descubre que nada lo ha preparado para la
intensa atracción que el suave coreano despierta en él.
Para Kim Jaejoong la atracción es mutua y cada vez que él y Yunnie se
encuentran saltan chispas de pasión. Cómo explicar que no puede ser
tocado porque sus habilidades psíquicas se sobrecargan con emociones
ajenas, cómo explicar que su toque, sin embargo es diferente.
Cada uno de ellos viene de un largo autoaislamiento y por razones
muy diferentes. Sin embargo, mientras Yunnie y Jaejoong más se acercan al
asesino, más aprenden sobre si mismos, y sobre fuerzas que van más allá
del reino de los hombres. ¿Fantasmas? ¿Posesiones diabólicas?
En un intento por salvar sus vidas, solo los cuerpos entrelazados y
desnudos de Yunnie y Jaejoong serán capaces de detener los crímenes que un
samurai enloquecido de celos y amor viene cometiendo desde tiempos
inmemoriales.
El amor parece ser la única barrera contra fuerzas inexplicables.
¿Pero será suficientemente fuerte entre personas tan diferentes?


Capítulo 13




La casa familiar de Yunnie, estaba en una calle tranquila en un vecindario de casas majestuosas con jardines impecables. Changmin frenó hasta la acera para dejarlos salir.  Yunnie había explicado a Jaejoong que su compañero iba a cuidar de Keiko y llevarla con Kang In. Jaejoong había estado completamente de acuerdo, pero no había preguntado a Yunnie, lo que la naturaleza de los asesinatos significaba para ellos dos. A pesar de que Yunnie había admitido sus sentimientos, como había dicho antes, el adoctrinamiento familiar estaba muy arraigado, y Jaejoong no estaba tan seguro de que Yunnie fuera capaz de superar semejante obstáculo.

Changmin se fue, dejándolos en la acera. Yunnie miró a Jaejoong.

—Mi tío tiene un pequeño apartamento detrás de la casa principal —dijo—. Es el hermano de mi padre y ellos quisieron que él viviera aquí porque está…

Jaejoong cabeceó su entendimiento.

—¿Sienten que no está psicológicamente bien debido a la guerra?

—Sí. Ha sido diagnosticado con el Síndrome de Estrés Postraumático. Su médico explicó que puede durar el resto de su vida, no importa cuantos años pasen.

Jaejoong asintió, sus ojos se entristecieron.

—Sí, lo sé.

Las mejillas de Yunnie ardieron.

—Lo siento, Jaejoong. Ha sido insensible de mi parte.

—Está bien. Ya he llegado a un acuerdo con ese asunto—. Él hizo una pausa.

—¿De todos modos, están tus padres aquí también?

—En realidad están en China ahora mismo. Algún asunto diplomático.

—¿ Tu tío está aquí solo?

—No —contestó Yunnie, conduciendo a Jaejoong a través del camino delantero de una vivienda que era mezcla de arquitectura moderna y toques tradicionales japoneses, en el tejado y las paredes. A cada lado del paseo delantero había jardines de piedras rastrilladas, enrejados, y árboles bonsái. —Tenemos un ama de casa y un chofer.

Yunnie condujo a Jaejoong alrededor del lateral de la casa hacia un patio trasero con más jardines. Lejos al final había una casita, una versión más pequeña de la casa principal.

Una pantalla de soji se deslizó hacia un lado. El hombre que estaba de pie allí, era bajo y bastante fuerte. Su fino pelo gris enmarcaba una cara redonda y apacible. Los ojos del anciano se iluminaron cuando vio a su sobrino. Él sonrió, sus ojos estrechándose mientras gesticulaba hacia Yunnie.

Cuando Jaejoong y Yunnie se acercaron, el tío de Yunnie se inclinó hacia él y luego hacia Jaejoong.

Yunnie habló al hombre en japonés y de nuevo, aunque Jaejoong no entendiera las palabras, comprendió que Yunnie hacía las presentaciones. Jaejoong extendió su mano para ofrecer un apretón y recibir una impresión. Considerando las circunstancias y lo que él y Yunnie habían descubierto hacía poco, no había tiempo que perder.

Yunnie dijo unas palabras más a su tío y el anciano aceptó la mano extendida de Jaejoong.
—Le expliqué a mi tío que has venido de Corea para ayudar con mi investigación. Está contento de conocerte. No le he dicho exactamente lo que haces.

Jaejoong asintió comprendiendo y miró al tío de Yunnie.

—Estoy encantado de conocerle, señor —dijo, aun cuando sabía que el hombre no hablaba coreano.

La mano de Musashi descansó en la de Jaejoong. Su apretón era tan apacible como su aspecto, la piel suave y seca. La impresión inmediata que tuvo del tío de Yunnie fue de dolor profundo y de sufrimiento. El trauma de guerra todavía lo atormentaba y su gran deseo de ahorrar su sufrimiento a su sobrino llegó en su suave toque. Aunque hubiera cólera residual en el corazón de Musashi, esta no iba dirigida a ningún individuo que Jaejoong pudiera sentir, y por lo que él podría decir, Musashi ciertamente, no tenía el corazón de un asesino. Yunnie había tenido razón en esto.

Satisfecho, Jaejoong liberó la mano de Musashi y el hombre más viejo señaló hacia el interior de la casa, diciendo algo en el japonés.

—Mi tío nos invita a tomar el té —explicó Yunnie, dirigiendo a Jaejoong una mirada aguda. La pregunta en los ojos de Yunnie era clara. Quería saber si Jaejoong sintió algo que pudiera impedirlo ir adentro.

Jaejoong asintió.

—Me gustaría mucho. Tu tío parece a un hombre encantador.

—Lo es —contestó Yunnie — quitándose sus zapatos sobre la estrecha cubierta de madera y siguió a su tío dentro. Él se quedó justo en la puerta para esperar a que Jaejoong se descalzara y se les uniera. Yunnie agradeció que su tío no fuera un asesino.

Su tío condujo a Yunnie y Jaejoong a sentarse en un bajo sofá blanco ante una mesa de centro con la cubierta de cristal. Yunnie sabía que su tío cumpliría toda la ceremonia del té, simple pero ritual, queriendo honrar a su sobrino e invitado. El hecho de que Yunnie estuviera aquí para preguntar a su tío por qué no le había contado sobre el diario, le llenaba de culpa. Nunca había tenido ninguna razón en su vida para hablar con el tío Musashi aparte de cariño y respeto mutuo. Yunnie sentía que era él, el criminal aquí.

En la diminuta cocina, el hervidor de agua comenzó a burbujear y silbar. Yunnie miró a su tío arrodillarse ante la mesa, disponiendo el tazón de té, el batidor, la cuchara, la caja del té, y un paño para limpiar los cuencos delante de ellos. Interiormente, suspiró, observando los movimientos precisos, pacíficos del anciano.

—Tío —intentó suavemente. Yunnie sabía que era inaudito interrumpir durante la ceremonia, pero, de nuevo, nadie por lo general asistía una ceremonia del té mientras estaba a la caza de un asesino en serie. Especialmente cuando el asesino era un fantasma que acababa de poseer el cuerpo de tu amante.

Musashi le miró, su concentración no parecía alterada.

—Lo siento —dijo Yunnie en casi un susurro—. Esto es terriblemente urgente.

Musashi asintió y permaneció arrodillado, sus manos en el regazo. En la cocina, el agua burbujeaba más rápida y fuerte.

—¿Qué te dijo el doctor hoy? —preguntó Yunnie.

Los oscuros ojos de Musashi se volvieron distantes.

—Nada malo, Yunnie. Mi corazón va un poco irregular de vez en cuando. Nada sobre lo que preocuparse.

Al lado de él, Yunnie sintió a Jaejoong tensarse. Le echó un vistazo. Jaejoong miraba a Musashi, la expresión en sus ojos azules ilegible. Yunnie se aclaró la garganta. No había ninguna otro opción, excepto continuar.

—Tío, fui al museo como me dijiste. Ese diario…había un asesinato descrito en él. Un asesinato como los que han estado ocurriendo.

Musashi asintió y miró hacía abajo.

— Sí, lo sé. Pensé que quizás esto te daría pistas.

—¿Desde cuándo conocías el contenido del diario?

El silbato del hervidor gimió, el sonido de que se disponía a elevar el pitido. Musashi se levantó de su posición arrodillada y fue a la cocina. Yunnie lo oyó quitar el recipiente del calor. Al momento, el anciano volvió a su posición de rodillas sobre el tatami, su cara con una expresión preocupada.

—Hay otra pregunta en tu pregunta, sobrino. —Él fijó su mirada triste en Yunnie.

—Lo siento, tío, pero debo preguntar.

—Supe del contenido del diario justo antes de hablarte de su existencia.

—¿Cómo lo averiguaste, tío?

Musashi suspiró.

—No puedo contestar sin destruir tu respeto por mí.

Las tripas de Yunnie se retorcieron.

—Sé que crees que mi mente es frágil debido a la guerra —continuó Musashi. —Mi hermano y su esposa... Hasta este momento, Yunnie, creí que tú opinabas de manera diferente a ellos. Es un insulto —. El dolor emocional nubló la cara del anciano.

Yunnie inclinó la cabeza. Esta era una de las cosas más difíciles que alguna vez había hecho. Musashi había sido siempre la persona más amable de su vida.

—Te pido perdón, tío. Realmente siento de manera diferente a mis padres. Pero soy detective en una investigación de asesinato y creo que has tenido en tu poder el diario, desde hace unos pocos meses. — Yunnie se reforzó para su siguiente declaración, algo que procedía sólo de las visiones de Jaejoong. La reacción de su tío hablaría sobre la culpa de Musashi o su inocencia. —Se lo diste a una joven que había ido a los archivos a hacer la investigación.
Los ojos oscuros de Musashi se encendieron con reconocimiento.

—Sí, lo recuerdo. Ella estaba escribiendo un libro.

La sangre de Yunnie se heló en sus venas. La mujer de la que hablaba era una de las parejas de lesbianas que había sido asesinada. Él aún no había hecho a su tío confirmar la identidad de la muchacha con una fotografía, pero obviamente la visión de Jaejoong había sido exacta.
—Eso es correcto.

La frente de Musashi se frunció y su cara se nubló.

—Yo no sabía sobre el contenido del diario en aquel momento. Estaba ocupado con otros proyectos y no había tenido tiempo de leerlo. Sólo sabía que había pertenecido a un samurai en el Edo shogunate, un constructor de espadas. La joven escribía un libro sobre el samurai y pensé que podría ser una fuente interesante para ella en aquel tema. Esto fue todo hasta…—Él se calló.

Yunnie se inclinó en su asiento, su corazón aporreaba tan rápido que se preocupó de su propia capacidad de permanecer consciente.

—Tío, es de extrema importancia que me digas como conociste el contenido del diario. Te doy mi palabra de honor que te creeré.

Los ojos de Musashi se nublaron. Su labio inferior tembló.

—En…en un…sueño, Yunnie.

—¿Qué pasó en el sueño?

La mirada de su tío descansó en él.

—El samurai, el del diario, me dijo lo que había hecho. Dijo que fuera y lo leyera, que conocería su crimen.

Las palmas de Yunnie estallaron en sudor. Yunnie percibió que Jaejoong debía de estar sintiendo lo que pasaba, aun cuando no entendiera las palabras. Yunnie deseaba traducir para él, pero sintió que sería un insulto a su tío. Esperaría hasta que estuviera solo con Jaejoong para explicarlo.

—¿Cuál era su nombre, tío?

Musashi pensó un momento. Yunnie sabía que su tío recordaría. Él nunca olvidaba los nombres.

—Naomasa —dijo el anciano después de unos momentos—. Koto Naomasa.

Un escalofrió se deslizó por la espina de Jaejoong. No había entendido ninguna palabra de la conversación entre Yunnie y su tío, aunque había adivinado las respuestas de Musashi a las preguntas de Yunnie. Y ciertamente reconoció el nombre del samurai.

Yunnie permaneció tranquilo a su lado. Él no habló durante unos momentos. Fue entonces cuando Jaejoong sintió la energía. La misma fuerza que lo había poseído comenzaba ahora a llenar el cuarto. Sólo que esta vez, era diferente.

Una sombra surgió detrás del tío de Yunnie, cerniéndose detrás de él.

Jaejoong se puso rígido.

— Yunnie —susurró— él está aquí. El asesino.

La mano de Yunnie fue a su chaqueta y Jaejoong reconoció la respuesta automática de un detective. Iba a buscar su arma. Jaejoong lo detuvo con una mano a su brazo.

—No lo hagas —le dijo suavemente.

Yunnie obedeció y sacó su mano justo cuando su teléfono móvil comenzó a sonar.
Él lo sacó y contestó.

—Jung.

—Inspector. Soy Hayao.

—¿Sí, inspector ayudante?, ¿ Qué ocurre?

—Encontramos al empleado de hotel que desapareció. Parece que también él se suicidó, como el modelo. Había alquilado un cuarto en el otro lado de la ciudad y tomó una sobredosis de somníferos.

La tripa de Yunnie se anudó.

—Continúe.

—Era un botones del hotel. Su último turno fue cuando ocurrieron los asesinatos.

El cuerpo de Yunnie se tensó como un resorte.

—¿Qué más?

—Sus huellas dactilares coinciden con las huellas del puño de la espada.

La sangre de Yunnie se heló y su mano tembló alrededor del teléfono.

—¿Señor?

—Voy para allá. Avise al forense que estaré allí en unos minutos.

— Hai.

Yunnie colgó el teléfono y miró a Jaejoong que lo contemplaba fijamente con expectación. Yunnie contó a Jaejoong lo que Hayao había informado.

—Jaejoong, todo ese tiempo estuvo delante de mí. —Su voz se convirtió en un susurro ronco—. ¿Cómo puedo haber estado tan ciego?

—¿ Yunnie, cómo podrías haber hecho la conexión? ¿Cómo podrías haberlo sabido sin esta información?

Las palabras de Jaejoong eran amables y calmantes, pero Yunnie no podía menos que culparse. Se levantó.

—¿Eres capaz de tomar más impresiones, Jaejoong? Estoy preocupado de que ésta sea la más importante.

Jaejoong se levantó del sofá.

—Eso es para lo qué estoy aquí.

Yunnie se volvió hacia su tío, sintiendo miedo por la seguridad del anciano. —Tío, debes de venir conmigo y con Jaejoong, ahora. Te explicaré todo, pero debemos salir ahora mismo.
Musashi asintió.

—Por supuesto, Yunnie —.

Yunnie condujo a su tío al coche y le ayudó a entrar en el asiento trasero. En un segundo estaban camino de la Oficina Central. Cuando llegaron allí, Yunnie dejó a su tío en la sala de espera del vestíbulo y bajó con Jaejoong al depósito de cadáveres.

—Hojo Kazunori —leyó Yunnie en el expediente que sostenía mientras el asistente del depósito sacaba el cajón que contenía el cadáver del botones.

Jaejoong se estremeció con la vista, aunque esta vez no había ninguna herida de horrible puñalada en medio del hombre. Simplemente parecía dormido. Era el nombre Naomasa en la frente de la víctima lo que le daba un aspecto tan macabro a su muerte.

Yunnie despidió al asistente.

—Edad veintinueve. La causa de la muerte suicidio por sobredosis de somníferos —siguió Yunnie —. Vivía con su esposa desde hacía tres años. Historial menor de robo de coche durante su adolescencia. Nada desde entonces. Los compañeros de trabajo dijeron que era tranquilo, introvertido, leía el periódico en sus descansos, y se iba a casa. Los vecinos decían que era cortés, servicial y tranquilo.

Jaejoong miró a Yunnie quién volvió la mirada hacia él, con una expresión de duda en los oscuros ojos.

—¿ Jaejoong, estás preparado?

Él asintió, apreciando la preocupación de Yunnie. Yunnie creía que la rapidez de obtención de pistas en este caso era debida sólo a las capacidades psíquicas de Jaejoong. Pero Yunnie sólo tenía razón a medias. En el pasado, las investigaciones no habían tenido resultados tan rápidos porque no había nadie que lo ayudara a regresar cuando las visiones casi lo mataban.
Jaejoong avanzó y extendió la mano, colocando la palma hacia abajo, en el hombro de Kazunori. Como de costumbre, por un momento no pasó nada. Jaejoong cerró los ojos cuando una vibración de energía pasó hacia su mano y brazo. Él permaneció quieto cuando la visión se abrió a su mente.

Silenciosamente vio la cantidad de imágenes que siempre le inundaban cuando tocaba un cuerpo. Kazunori comiendo en la mesa con una mujer, probablemente su esposa. Kazunori vestido con el uniforme de botones, leyendo un periódico. Hasta ahora, nada fuera de lo ordinario.

Fue cuando ocurrió. La energía cambió, oscureciéndose. La siguiente imagen era de Kazunori vistiendo una camiseta y bóxer, de pie ante el espejo del cuarto de baño, afeitándose. Nada extraño. Pero la imagen reflejada en el espejo detrás de Kazunori heló la sangre de Jaejoong cuando la vio. Un hombre, de pecho amplio y fuerte, vestido en lo que parecía ser un traje religioso, su pelo afeitado casi al rape como un monje, estaba detrás de él, viendo afeitarse a Kazunori.

¿Naomasa? Quienquiera que él fuera, su energía se irradiaba feroz y dura, la energía de un asesino, seguro. El asesino.

Jaejoong soltó un aliento rápido, reforzándose.

La escena siguió. Kazunori terminó de afeitarse y aclaró el jabón de su cara. El hombre detrás de él, el monje…el asesino…dio varios pasos hacia Kazunori, justo detrás de él y se quedó de pie allí. Unos segundos pasaron. El monje dio otro paso hacia Kazunori y desapareció. El cuerpo de Kazunori se sacudió enderezándose. Kazunori estaba de pie, mirando fijamente el espejo, y Jaejoong vio la cara del asesino reflejada.

El pecho de Jaejoong se apretó. Ahora veía a Kazunori salir por la noche, con una pala en la mano. Él llegó a un punto y se paró, clavando la pala en la tierra y empezó a cavar. Tras unos momentos, tiró la pala al suelo y se arrodilló, metiendo la mano en el agujero que había cavado.

Una astilla de energía cruzó el brazo de Jaejoong. Miró a Kazunori sacar un bulto de tela sucia, desenrollándolo para revelar una espada. Jaejoong exhaló, su respiración se volvió trabajosa.

—¿ Jaejoong?

Jaejoong oyó la voz preocupada de Yunnie detrás de él, pero no podía contestar. La respuesta estaba demasiado cerca. No podía pararse.

La visión volvió al hotel. Jaejoong reconoció la alfombra gruesa del vestíbulo. Kazunori estaba dentro, llevaba puesto su uniforme, la espada en sus manos. Paso a paso el botones caminó hacia una puerta. Sacó una tarjeta llave de su bolsillo y la deslizó en la cerradura, abriendo la puerta.

Jaejoong jadeó. Sintió un ligero toque en su brazo. Yunnie. De forma refleja se encogió de hombros para apartar la mano de Yunnie. Kazunori estaba dentro del cuarto, mirando a la pareja en la cama, ajenos a todo excepto a su encuentro sexual.

Jaejoong vio a Kazunori levantar la espada y dejarla caer.

El cuerpo de Jaejoong se sacudió violentamente pero luchó contra el impulso de desmayarse. Había más que ver. Apretando los dientes, movió su mano del hombro de Kazunori a su frente, colocando la palma hacia abajo como si estuviera tomando la temperatura del hombre.

¡Bam!. Otra visión. Kazunori cruzando las calles de la ciudad, su cara salpicada de sangre. Después estaba en un cuarto de baño en algún sitio, un lugar sórdido, oscuro, limpiando su cara, sus ojos grandes y aturdidos. En el momento siguiente estaba en ropa interior otra vez en el mismo baño, un bolígrafo en su mano. Mirando su reflejo, Kazunori trazó las letras a través de su frente. Cuando se dio vuelta, Jaejoong vio claramente Naomasa escrito en su piel. Kazunori dejó el cuarto de baño y se sentó en un catre, el colchón delgado y desnudo.  Recogió un frasco de píldoras de la mesita de noche y vació la cosa entera, tragándose las píldoras con un vaso del agua. Fue lo último que vio Jaejoong antes de que el mundo se perdiera en la oscuridad.

Yunnie dejó caer el expediente y sujetó a Jaejoong, antes de que cayera.

—Está bien, te tengo. — Yunnie llevó a Jaejoong al otro lado del cuarto y lo sentó en una silla. Jaejoong respiraba pesadamente y Yunnie desabrochó el botón superior de su camisa. —¡Ayuda! —gritó.

Cuando el asistente apareció, Yunnie ordenó que le trajera agua. Recuperó los papeles caídos del suelo y usó la carpeta para abanicar la cara de Jaejoong. Yunnie permaneció en cuclillas al lado de la silla, abanicando a Jaejoong hasta que los párpados de éste revolotearon abriéndose y pareció recobrar el conocimiento.

La respiración de Jaejoong se calmó y Yunnie suspiró de alivio. No entendía como Jaejoong podría resistir la tensión que este trabajo obligaba a su cuerpo, incluso con la cura de reposo que había recibido antes de venir a Tokio para ayudarle.

— Jaejoong, oye, mírame.

Para alivio de Yunnie, Jaejoong abrió los azules ojos totalmente y le miró. Los ojos de Jaejoong parecían acosados y lejanos, aunque despejados al mismo tiempo.

— Yunnie —susurró.

En ese momento el asistente apareció con el agua. Yunnie tomó el vaso y lo despidió otra vez. Le dio a Jaejoong un sorbo y esperó a que hablara primero, aunque estaba más que desesperado por saber lo que Jaejoong había visto.

— Yunnie —dijo otra vez, su voz menos chirriante al haber tomado un poco de agua.
Yunnie tomó la mano de Jaejoong. La piel estaba caliente, por suerte, y los fuertes dedos de Jaejoong se cerraron alrededor de la suya.

—Vi al asesino esta vez—. Jaejoong respiró varias veces antes de continuar. —Lo vi entrar en el cuerpo de Kazunori y matar a la gente en el hotel. — Jaejoong parpadeó varias veces y fijó su mirada en Yunnie. —Lo vi conseguir el arma. La espada.

El aliento de Yunnie se trabó.

—Joder. ¿Dónde, Jaejoong? ¿Viste en dónde?

Jaejoong sacudió su cabeza.

—No. Él la desenterró de la tierra. No sé dónde estaba.

Yunnie sacudió su cabeza y suspiró otra vez.

—Maldito sea. Eso significa que la espada están en algún sitio en Tokio. Nunca hemos sido capaces de rastrearla. Después de la Segunda Guerra Mundial el gobierno confiscó cada arma de samurai, guardándolas como tesoros nacionales. Había, sin embargo, más de veinticinco espadas desaparecidas, creíamos que habían sido tomadas por soldados de los Estados Unidos que las habían encontrado durante su servicio. No he sido capaz de rastrear ninguna de esas espadas desaparecidas. Y además, si aquellas espadas están, de hecho, en los Estados Unidos, entonces no estarían siendo usadas aquí como armas para asesinar. Es como si estuvieran siendo sacadas para airearse. —Él miró hacia Jaejoong —. ¿Cómo te sientes?

Jaejoong apretó la mano de Yunnie y lo sostuvo.

—Estaré bien en unos minutos. Tenemos preocupaciones más grandes ahora que mi fatiga. Como el hecho de que tenemos el espíritu de un asesinato corriendo por ahí.

Una repentina ola de desesperación pasó por Yunnie. No era una emoción que hubiera esperado sentir, como consecuencia de conocer la respuesta a los asesinatos que habían estado asolando la ciudad y su vida. Sin embargo, el asesino no era una persona de carne y hueso que él pudiera detener y encarcelar. Suspiró y miró, aliviado por el toque de Jaejoong.
—¿ Jaejoong, cómo captura uno a un espíritu para impedirle matar otra vez?

Jaejoong estuvo silencioso durante unos momentos.

—Jodida buena pregunta. Me temo que esto no es está en mi área de capacidades.  Exorcismo y eso, supongo.

Exorcismo. La mirada de Yunnie fue volando hasta Jaejoong.

—Por supuesto. Setsubun. La limpieza ritual de espíritus malignos. Lo he visto hacer en fiestas en los templos. —Él sacudió su cabeza—. Siempre pensé que era una estupidez. —Miró a Jaejoong. —Ahora parece que es nuestra única esperanza.

Jaejoong asintió.

—Sí, parece que sí. ¿Te das cuenta que en este caso particular hay sólo un modo de atraer al asesino, verdad?

El corazón de Yunnie dio tumbos. Él soltó la mano de Jaejoong y se enderezó repentinamente, comenzando a caminar.

—No. Inadmisible. —Distraídamente sacó sus cigarrillos, apretando el paquete en su puño. Yunnie se paró delante de Jaejoong, mirándole. —De ninguna jodida manera. Es un riesgo para tu vida y puede que de alguien más. Este asesino, Naomasa, o quienquiera que sea, tendrá que poseer otro cuerpo e intentar cortarnos con una espada.

—Lo sé. ¿Pero qué opciones tenemos?

Yunnie se paró, la cólera bullendo en sus tripas. Sacó un cigarrillo y lo puso entre sus labios, recordando en el último segundo que un depósito de cadáveres está lleno de productos químicos y que no era el lugar más adecuado para fumar. Se quitó el cigarrillo y lo sostuvo. Sabía que Jaejoong tenía razón. No había nadie más que pudiera detener al asesino, excepto Jaejoong y él. ¿Sin embargo, que otra persona, estaría dispuesta a someterse a la posesión y pasar por los momentos de tratar de asesinar a dos personas? ¿Y además, cómo realizarían un exorcismo al mismo tiempo? Planteó las preguntas a Jaejoong.

—No lo sé, Yunnie. —La voz de Jaejoong estaba llena de compasión, entendiendo el dilema moral de su amante.

Yunnie exhaló y quedó de pie, contemplando el suelo. Tras un momento fue al cajón que contenía el cuerpo de Kazunori y suavemente lo cerró. Suspiró y giró. Mirando a Jaejoong y viendo las líneas de agotamiento alrededor de sus ojos, la cólera de Yunnie se derritió. Fue junto a Jaejoong y se arrodilló, tomando su mano otra vez.

—Lo siento —murmuró.

Una pequeña sonrisa curvó los labios de Jaejoong.

—¿Ahora te disculpas de qué? ¿Por qué?

Yunnie de repente se sintió profundamente triste.

—No lo sé. Simplemente me pareció que era lo correcto—. Él resistió la aplastante necesidad de descansar su cabeza en el regazo de Jaejoong. Él nunca había pensado que como adulto podría encontrar a alguien con el cual se sintiera seguro de nuevo.

Sólo en otro momento de su vida había deseado hacer esto antes, cuando era un crío pequeño y su padre le había zurrado con severidad por haber arrancado las rosas de su madre. Yunnie había ido llorando a su tío que lo había consolado y había dejado a Yunnie descansar su cabeza en sus rodillas.

Tío Musashi.

Yunnie alzó la vista a Jaejoong.

—Mi tío —dijo—, él es la única persona a quien puedo pedir consejo sobre esto.

Jaejoong asintió y apretó su mano.

—Vamos entonces —dijo él suavemente—subamos.



Todos los comentarios son bienvenidos ^^



4 comentarios:

  1. Muy buena, no quiero dejar de leer pero tengo que salir. Regreso. Gracias.

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  2. qué complicada situación ,cómo harán para atrapar a un espírutu maligno???

    Jae realmente queda muy mal después de esos trances con los asesinados.

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  3. wow al parecer van a correr el riesgo.... espero que las cosas les salgan bien y que no se dificulten para ellos, puede ser muy peligroso exponerse de esa forma :(

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